SOLEDAD

Alexandra De Castro

Microrrelato de ciencia ficción

Ilustración de Ada Peña.

La noche se posa sobre la fábrica. Aún hay obreros y la directora de mantenimiento, con un poco de dolor de cabeza, se acerca a su pasante:

-Sebastián, por favor, anota en mi agenda la reunión sobre la nueva piel que no está funcionando correctamente.

-¿Por qué no se cambia la licitación, simplemente?  

-No encontramos mejores precios, a menos que usemos genes de contrabando, algunos obreros ya los usan; y tendríamos que hacerlo sin contrato.   

-Los obreros han estado expuestos demasiado tiempo al metano, el sindicato puede demandarnos. Incluso han amenazado con el cierre de la fábrica aquí en Titán. En este momento ellos son la ley.

-No hay que preocuparse tanto por los obreros, son máquinas biológicas.

-Está bien, pero son delicados y tienen mucho apoyo.

Camila muestra preocupación por la fábrica, pero su mente divaga: no ha sabido nada de sus hijos desde hace ya varios meses. La promesa, siempre la promesa de una mejor vida, de un buen trabajo. La ilusión y el espejismo. La soledad la sobrepasa ahora que se han apagado muchos de los satélites y la presencia virtual es cosa del pasado, ya no hay comunicación ni siquiera con la Tierra y no se sabe por cuánto tiempo más. ¡Quién lo hubiese imaginado!

Los obreros de la fábrica y sus compañeros de trabajo son ahora su familia. Quizás por eso, en el fondo, no está preocupada por las demandas, más bien la invade un impulso de cuidarlos. Y ya han muerto varios y el resto no puede salir de la gran estación.     

El ambiente está enrarecido en las oficinas, tanto polvo, todo está sucio y deteriorado. Sebastián no conoció otra cosa, pero Camila sí recuerda muy bien, siente la diferencia y la abruma el decaimiento, a ratos se le hace muy difícil lidiar con la situación. Ya ni siquiera está segura si el café que toma realmente la reanima, las mutaciones en Titán pueden haber cambiado algunas propiedades. Camila mira su taza de reojo, con desconfianza, desconfianza incluso de si ella recuerda bien el sabor original o si el tiempo la ha venido engañando, lavando de las sensaciones.

Profesionalmente su carrera ha avanzado en Titán, tiene un excelente cargo en una compañía como Zenitar y tal vez eso la mantiene en pie.

Sebastián fija la mirada en su pantalla.  

-Tengo que volver al órbiter, ahora estoy durmiendo allí.  

-No te preocupes, Sebastián, leí que ya está listo el proyecto de los bloques residenciales para estudiantes pasantes de Zenitar.

Camila mira con seguridad a Sebastián, aunque en el fondo sabe que no puede prometer nada.  

La complexión excesivamente delgada de Camila comienza a preocupar a Sebastián. Su cabello ya completamente plateado le añade a su figura enfermiza. Si no fuera porque su expediente dice otra cosa, la enviarían a retiro.

Sebastián quiere verse espontáneo

-Voy a comer antes de subir al órbiter. Me voy a encontrar con unos amigos, uno de ellos, Matías, conoce a un traficante de genes, le podemos preguntar por los precios y los documentos ¿Vienes?

-No. Tengo mucho trabajo, como luego.

A Camila, en el fondo, no le preocupa si los genes son legales o no, los pequeños focos de anarquía son muy frecuentes en ese ambiente aislado y ahora desconectado. No encuentra más opciones y tiene que tomar pronto una decisión.

Sebastián intuye que su jefa se irá a la cama sin comer, pero él ya está atiborrado de problemas, no puede dar mayor importancia a Camila. Aunque con frecuencia le asalta la idea de que no podrá terminar su pasantía si Camila queda fuera de servicio por enfermedad.  

Sebastián se pregunta cómo será la vida en la Tierra, sabe que pocos pueden asomarle alguna descripción, más bien referida a los recuerdos y a unos libros con imágenes que quedaron en la biblioteca virtual de la compañía, pero que ya son viejos. Tal vez un día pueda ir, aunque no pierde la esperanza de que los satélites de comunicación vuelvan a funcionar. La curiosidad lo invade. Cruje la silla al quitar su peso, se dirige a la salida que se abre automáticamente para él. Mira a Camila antes de salir.

-¿Crees que quede algún humano en la Tierra?

Camila mira con atención, a través de la ventana, una copia de una obra que dice en la base Duchamp. Ella siempre de discurso y proyección optimista, aunque su semblante no lo refleje…  

-Seguro, la convivencia entre los humanos y nosotros no era del todo complicada. Creo que finalmente aprendimos a vivir juntos.   

 

       

De la serie: Panspermia.

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