Alexandra De Castro

Ilustración de Ada Peña.

 

No queremos conquistar el cosmos, queremos extender los límites de la Tierra al cosmos. Solo buscamos al hombre. No queremos otros mundos, queremos espejos.

Stanislav Lem, Solaris

 

Cuando nos hablan de arqueología lo primero que imaginamos es el típico científico de campo cargado con instrumentos, trabajando bajo el sol, la lluvia y la intemperie, visitando pueblos antiguos entre paisajes exuberantes. Pero no todos los arqueólogos tienen acceso físico al lugar de interés para investigar. Algunos están interesados en regiones que, digamos, están más allá.

Agatha Christie escribió en su novela Asesinato en Mesopotamia que «usualmente los arqueólogos buscan lo que yace bajo sus pies. Los cielos no existen para ellos» ¿Todavía?

Como humanidad, nos estamos yendo de nuestro planeta madre, arribando a otros mundos; y con nosotros se va nuestra cultura. Esto ha llamado la atención de la arqueóloga australiana Dra. Alice Gorman, de la Universidad de Flinders, y la del Dr. Justin Walsh, de la Universidad de Chapman, en Australia, quienes, parafraseando a Star Trek, «se están aventurando a ir donde ningún otro arqueólogo ha ido jamás». Así, con esta consigna, comenzaron en 2017 la ardua tarea de estudiar la microsociología y la evolución cultural de la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés).

Antecedentes hay pocos, pero son contundentes. Ya en 1999 se presentó la inquietud por la herencia humana en el espacio exterior cuando la Dra. Beth O’Leary, de la Universidad de Nuevo México, en EE. UU., hizo la gran pregunta: «¿Se aplica la ley de preservación [de patrimonio] a la Luna?». Desde ese momento, la Dra. O’Leary inició su larga investigación sobre los objetos dejados por los astronautas en la Luna durante el proyecto Apolo.

Poco antes de comenzar el proyecto sobre la ISS, la propia Alice Gorman tenía experiencia en investigación sobre los restos de satélites artificiales y su relación con la sociología en su país de origen. De esta línea de trabajo ella cuenta con publicaciones en revistas científicas. No en vano ella también es conocida como Dr. Space Junk (Dra. Basura Espacial).

Beth O’Leary, Alice Gorman y Justin Walsh son pioneros de una nueva rama de la ciencia: la Arqueología Espacial.

Una microsociedad de humanos en el espacio

La Estación Espacial Internacional es uno de los logros más importantes y ambiciosos de la humanidad. Lanzada en 1998, cuenta con la colaboración de instituciones científicas, universidades y agencias espaciales de quince países. Han sido veintiún años de trabajo conjunto, borrando fronteras y alcanzando por primera vez objetivos que nos son comunes a todos los seres humanos. El 31 de octubre se cumplieron diecinueve años de expediciones continuas, en las cuales los astronautas han habitado la Estación por entre tres y seis meses. Esto hace de la ISS la experiencia más significativa de humanos viviendo en el espacio hasta ahora y el único lugar fuera de la Tierra donde se logran hacer experimentos de microgravedad de larga duración.

Actualmente se conducen cerca de 2 000 experimentos de biología y biotecnología en diferentes grados de exposición a las condiciones ambientales del espacio exterior. Por su posición privilegiada, solo entre 400 y 500 kilómetros de altura (esto es, como ir en auto entre Caracas y Barinas, en Venezuela, o entre New York y Pittsburg, Pensilvania, en EE. UU.), es ideal para llevar a cabo observaciones de nuestro planeta, su atmósfera, biósfera y, en general, para recolectar datos que son de interés para estudios terrestres. Otras actividades de investigación son en física, astronomía y en tecnología espacial y de nuevos materiales.

La ISS es la nave espacial más grande construida por el hombre. Es tan grande que ha tenido que ser ensamblada en el espacio, módulo por módulo. Pesa en total cerca de quinientas toneladas, lo cual equivale aproximadamente a dos aviones Airbus A380. Sus paneles solares son tan largos como un campo de fútbol. Sin embargo, para las dimensiones humanas, se queda corta y los astronautas hacen el sacrificio heroico de residir y trabajar allí por varios meses en condiciones incómodas, pero únicas, cuyo impacto físico y sicológico está en constante investigación.

ISS

La ISS fotografiada por un miembro de la tripulación STS-132 a bordo del transbordador espacial Atlantis después de que la estación y el transbordador comenzaron su separación relativa posterior al desacoplamiento, misión año 2010. Crédito de la imagen: NASA y Tripulación de STS-132

La evolución cultural en la última frontera

En la práctica, la arqueología espacial no es diferente de la terrestre: se trata de observar objetos de uso diario –instrumentos, artefactos, satélites, sondas e incluso basura espacial— y  estudiar su relación con las personas que están envueltas en proyectos de exploración del espacio. Para los arqueólogos del espacio, el trabajo de campo, es decir, ir hasta la ISS a hacer sus observaciones, sería lo ideal. Sin embargo, enviar a una persona hasta allá cuesta alrededor de 75 millones de dólares. Alice Gorman argumenta que no existe ninguna ayuda económica que pague esas cantidades a un arqueólogo para hacer investigación de campo.

Otro desafío para los arqueólogos espaciales lo imponen las mismas agencias del espacio. Justin cuenta, en el podcast Sapiens, que cuando quiso aplicar para colaborar con la NASA encontró una gran barrera. Las aplicaciones para proyectos conjuntos establecían por regla que los investigadores tenían que tener un grado en STEM (acrónimo en inglés para «ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas»). Más aún, estaba específicamente escrito que las disciplinas humanistas, como la sociología, geografía, antropología y arqueología, no serían consideradas.

Sin embargo, estos obstáculos no detuvieron a Alice y Justin, quienes supieron sortear las dificultades para comenzar su investigación. Parte importante de la rutina en la ISS es crear y mantener un archivo fotográfico de las actividades diarias de los astronautas a bordo. Este inmenso registro, que ya cuenta con millones de imágenes, es testimonio continuado del día a día de la vida en microgravedad y está disponible en línea para el público general.

Otros elementos que pueden usarse para la investigación arqueológica de la ISS son la cantidad de objetos que se han llevado los astronautas, que luego han regresado y ahora se encuentran en diferentes museos de las agencias del espacio involucradas.

Para dicha de Alice y Justin, en 2018 consiguieron financiamiento del Consejo Australiano de Investigaciones para desarrollar su Proyecto de Arqueología de la Estación Espacial Internacional.

La técnica refleja lo que hacemos, el arte lo que somos  

Alice y Justin comenzaron estudiando los artefactos y equipos que son parte de la rutina de vida y trabajo de los astronautas dentro de los módulos de la nave. Lo primero que identificaron fue la cantidad de insumos y materiales que diseñan e implementan para poder organizar sus actividades sin que la microgravedad les afecte demasiado. Estos objetos se usan, en palabras de Alice, para reemplazar la gravedad.

Sin embargo, más allá del material técnico y de supervivencia, hubo algo que llamó poderosamente la atención de los investigadores. En el módulo de servicio ruso Zvezda detectaron una cantidad no muy tímida de adornos y juguetes en las paredes que incluyen fotos, pinturas, banderas, medallas y una buena parte de objetos religiosos, estos últimos, en su mayoría, rusos ortodoxos. No es extraño que el módulo Zvenda haya sido adornado, después de todo, ese espacio contiene dormitorios, baños, cocina con refrigerador y equipos para hacer ejercicios, además de computadoras con controladores de vuelo. Allí es donde los astronautas pasan buena parte de su tiempo.

Alice y Justin decidieron concentrarse en el análisis de estos adornos y han venido publicando en la página del proyecto resultados preliminares que proporcionan la primera ventana a la vida cultural de la ISS. Siendo el archivo fotográfico de la NASA perfectamente organizado –cada imagen está identificada con la fecha y la hora—, se puede realizar un estudio cronológico y, por lo tanto, evolutivo de la aparición y desaparición de objetos, quiénes son los protagonistas, de qué países provienen y cuáles son las características culturales que cada uno de ellos aporta.

Para poder abordar la cantidad inmensa de datos que se obtienen, especialmente de la NASA, que son imposibles de manejar por un grupo pequeño de personas y en pocos ordenadores, estos investigadores incluyen el uso de la inteligencia artificial y de la ciencia ciudadana, esto es, la colaboración abierta y distribuida entre millones de voluntarios alrededor del mundo. Veamos los resultados preliminares.

 

Modulo Zvenda

Foto: Módulo Zvezda de la ISS. Tripulación de la expedición 20. Los astronautas comparten su hora del almuerzo en el módulo de servicio Zvezda. De izquierda a derecha: cosmonauta e ingeniero de vuelo Roman Romanenko, el comandante Gennady Padalka, astronauta de la agencia japonesa del espacio (JAXA) Koichi Wakata y astronauta de NASA Michael Barratt.

 

La vida religiosa se va con nosotros

En los resultados preliminares podemos observar que el aporte religioso es prominente: suman un tercio de las piezas en promedio, entre los años 2000 y 2014, con un pico en el 2008 de nueve objetos religiosos por cada seis de los seculares. En la siguiente gráfica, los investigadores muestran su aparición en el tiempo: de color azul son los objetos seculares y de color rojo los religiosos.

Las piezas más comunes en exhibición son: una foto de Yuri Gagarin, el primer ser humano que fue al espacio, que aparece en todas las imágenes estudiadas; en segundo lugar, una réplica de la pintura La madre de Dios, cuyo original se encuentra en la Catedral Kazan, en Moscú, que aparece el 50% de las veces; y, en tercer lugar, la bandera rusa que aparece el 40% del tiempo.

Virgen ISS

Foto de la autora. Museo de la Agencia Espacial Europea, Noordwijk, Países Bajos. Detalle de una pared de la réplica del módulo Zvezda de la ISS.

La aparición de símbolos religiosos en la ISS no se ha salvado de la polémica: algunas personas aprueban aumentar el protagonismo de la Iglesia Ortodoxa en la vida pública rusa, mientras que otras reclaman que es inapropiado; y, por supuesto, la discusión se ha trasladado a la ISS, donde los desacuerdos podrían ser visibles en tanto que los patrones estudiados por Alice y Justin muestran una presencia fuerte pero inconsistente. Los investigadores concluyen que cada uno de los equipos/expediciones han tomado decisiones independientes sobre cuáles cosas mostrar y cuáles no.

Alice y Justin continúan sus investigaciones con entusiasmo y esperan hacer un estudio comparativo con otros módulos. La Estación Espacial Internacional es el gran experimento que nos mostrará si el espacio es lugar para los seres humanos y si es nuestro puente hacia los proyectos de bases de investigaciones en Marte y la Luna.

A pesar de lo que representa la ISS para la humanidad, los investigadores todavía batallan por el presupuesto para mantenerla en funcionamiento. La actual administración del gobierno estadounidense tiene previsto fondos federales para su contribución hasta el 2024, de allí en adelante se espera que la ISS encuentre maneras privadas de continuar. Por su parte la NASA ha sido clara en señalar que los fondos que están recibiendo no son suficientes y que el plan de usar al sector privado no es realista. La agencia sigue luchando para hacer comprender a la administración del presidente Donald Trump que los fondos federales van a seguir siendo vitales después del 2025 para evitar el posible desmantelamiento de esta histórica instalación.

 

Esperemos que los gobiernos entiendan la importancia de la continuación de la ISS y de su papel protagónico en alcanzar la última frontera.

 

 

AGRADECIMIENTOS

La Fundación Persea agradece la infinita generosidad de sus patrocinadores: Carlos Ortega Sr., Sobella Mejías, Solmar Valera, Jiří Svozilík,  Héctor Pittman Villarreal,  My fit body project y Vicente Di Clemente.

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