LA CONFIANZA EN LA CIENCIA

Alexandra Olaya-Castro

Ilustración de Ada Peña.

Cancer Research UK es una reconocida organización benéfica dedicada a fomentar y financiar investigación sobre el cáncer en el Reino Unido. En la información general que presenta en su página web habla sobre tratamientos alternativos para cáncer, donde tiene una sección titulada Mushrooms in cancer treatment (Hongos en el tratamiento de cáncer). En esta sección, la organización incluye información concisa y clara para un lector general y que responde a las preguntas ¿Qué son los hongos medicinales (como ganoderma)? Y ¿Por qué son consumidos por personas que tienen cáncer?

La organización explica que ciertos hongos han sido utilizados por practicantes de la medicina tradicional china por siglos. Indica también que, en el Reino Unido, Ganoderma en polvo o sus extractos en bebida se venden en tiendas de productos naturales, citando que, hasta donde se sabe, estos hongos no son perjudiciales para la salud. La página describe que se ha encontrado que ciertos componentes químicos de algunos hongos parecen fortalecer la respuesta inmunológica y que, por lo tanto, los investigadores se han preguntado si esto puede ayudar a combatir células cancerígenas.

Una búsqueda en Google Scholar sugiere que sí, que esta es una línea de investigación activa. La página da ejemplos de las investigaciones que se han hecho con ciertos hongos. Sin embargo, la organización es enfática y repite en varias partes del texto que, a pesar de todo esto, no hay evidencia de que ningún tipo de hongo o sus extractos puedan directamente prevenir o curar cáncer.

Con esta información general, la organización logra darle al lector una perspectiva multidimensional y precisa sobre lo que se conoce, y lo que no se conoce, acerca de la relación entre hongos y cáncer. Le da elementos al lector para que entienda que una sustancia llamada hongo medicinal es vendida como «alimento saludable» pero no es una medicina que cure el cáncer. Evita hacer juicios de valor sobre quienes usan o venden estos polvos o extractos. Le brinda al público la posibilidad de familiarizarse con la evidencia científica y valorarla.

Para mí, como una persona del común, esta perspectiva multifacética y precisa me da confianza. Y como persona dedicada al quehacer científico, me indica el rigor y la responsabilidad de la institución al informar.

La confianza en la ciencia, así como en las personas y las instituciones que hacen ciencia, define en gran parte qué tanto una sociedad se puede beneficiar de los procesos de investigación científica. Desde este punto de vista, los escrutinios contextualizados y públicos de la integridad y ética del trabajo científico de personas e instituciones son importantes, porque nos permiten evaluar hasta qué punto podemos confiar en los métodos utilizados en una investigación y en los análisis y conclusiones que se derivan de ella.

La entrevista que hizo Pablo Correa a la Dra. Mabel Torres tiene como objetivo explícito poner en cuestión la integridad científica y la ética del trabajo de la Dra. Torres en su proceso de creación y validación de la bebida que ella llama funcional y que está basada en Ganoderma. Esta línea de cuestionamiento me parece válida porque le da elementos al público para que forme su propio nivel de confianza en ese trabajo.

Sin embargo, observo que en algunas partes la entrevista exhibe lo que es conocido como sesgo de confirmación. Ese sesgo cognitivo que lleva a una persona a buscar y dar matices a la información de tal manera que confirme una opinión preformada mientras que descarta evidencia que la refuta.

Por ejemplo, en su intención de cuestionar el trabajo en general de la Dra. Torres, las preguntas que Pablo Correa hace al final de la entrevista van tan lejos como sugerir tácitamente que la Dra. Torres podría haber incurrido en plagio. Hace esto simplemente basado en el argumento de que el tema de investigación de la estancia de postdoctorado se parece al título de un artículo publicado por otros autores. Un tema de investigación puede parecerse a artículos publicados y esto, en general, sólo significa que otros grupos de investigación están trabajando en el tema.

Durante la entrevista la Dra. Torres entiende que Pablo está sugiriendo plagio y le pregunta: «¿Crees que es un plagio?» A lo que él contesta: «Sólo estoy preguntando». A pesar de que las respuestas de la Dra. Torres intentan explicar que se refiere a una técnica que usó durante su postdoctorado, el análisis de esta parte de la entrevista se concentra en poner en duda y sin fundamento suficiente la integridad del trabajo de investigación de la Dra. Torres en su estancia postdoctoral. Los sesgos de confirmación son tan peligrosos en la ciencia como en la información dada por medios de comunicación. En la ciencia estos sesgos descartan evidencia que está en contra de la hipótesis científica bajo evaluación y en los medios de comunicación estos sesgos se pueden usar para manipular o polarizar la opinión del lector.

Pero las falencias que encuentro en la entrevista no invalidan el cuestionamiento central que Pablo Correa hace sobre la justificación de la Dra. Torres para experimentar en pacientes su bebida con extractos de Ganoderma y sobre su responsabilidad en la veracidad del mensaje que se ha dado al público sobre la efectividad de esta bebida. Estos dos cuestionamientos me parecen muy importantes y encuentro débiles los argumentos de la Dra. Torres en estos puntos.

El hecho de afirmar que el dilema ético al que se enfrentó cuando se encontró con la posibilidad de darle su bebida a pacientes con cáncer, se solucionó simplemente porque ella dice saber que su bebida no tiene riesgo para la salud —porque «es como si hicieras un jugo de mango en casa»— me parece una mirada restringida de lo que significa un proceder integral y ético de una persona que hace ciencia y experimenta con seres humanos.

En la historia de la ciencia se encuentran varios casos en donde una persona procede de manera no convencional con la ética aceptada para confirmar su hipótesis. Un ejemplo típico es Barry Marshall, quien ganó el premio Nobel en Fisiología y Medicina en el 2005 por demostrar que la bacteria Helicobacter pylori causa úlceras en el estómago. Para demostrar su hipótesis, en 1984, Marshall experimentó en sí mismo tomando una bebida que contenía la bacteria. Hizo esto sin consultarlo con una comisión ética como era de esperarse. Él sabía que podía tomar antibióticos para contrarrestar el efecto la bacteria. En una entrevista, Marshall afirma que unos pacientes empezaron a ir de manera secreta a su oficina para ser tratados.

La pregunta que hago aquí es: ¿Dado que el descubrimiento de Barry Marshall resultó significativo e incluso ganó el Nobel, podemos concluir que su proceder es incuestionable?  La respuesta es categóricamente «no». Este proceder y el de la Dra. Torres deben generarnos la misma pregunta: ¿Cuáles son los límites que una persona o un equipo haciendo investigación deben o no cruzar en la búsqueda de evidencia que confirme o refute una hipótesis? A mi me gustaría poder leer una reflexión más completa de la ministra de ciencia, tecnología e innovación sobre esta pregunta.

En su comunicado oficial como ministra, y a raíz de la entrevista publicada en el Espectador, la Dra. Torres escribe que «en ningún momento he expresado de manera simplista que esta especie de hongo sea la cura contra el cáncer». Es desafortunado que con la misma vehemencia esta afirmación no se vea en sus entrevistas, incluida la nota de Los Informantes. Es igual de lamentable que el perfil que La Silla Vacía presenta de la Dra. Torres y que actualizó el 30 de diciembre del 2019, afirme explícitamente que ella «desarrolló un producto anticancerígeno…». El mismo cuestionamiento sobre responsabilidad en la veracidad del mensaje dado aplica a los medios de comunicación al reportar e informar sobre ciencia (¡y sobre cualquier otro tema!)

Encuentro también difícil de entender el concepto de rebeldía que la Dra. Torres argumenta al decidir no publicar. Si los datos que dice tener sobre Ganoderma son tan contundentes como ella lo sugiere al decir: «Estoy preparada. Tenemos estudios en células. Preliminares» ¿Por qué no publicarlos? Me resulta difícil justificar esta opción de no publicar porque mi aproximación es distinta. Cuando las investigaciones que hago revelan algo que me parece un aporte importante al conocimiento científico, lo primero que pienso es en la estrategia para comunicarlo en una revista científica que permita posicionar el trabajo.

A los estudiantes de doctorado les digo que es posible que tengamos que «batallar» la publicación —porque la evidencia documentada y anecdótica muestran que en los procesos de publicación las mujeres pueden enfrentar diferentes sesgos— pero hago énfasis en que la rigurosidad del trabajo que hemos hecho y la claridad con la que lo presentemos serán nuestras mayores herramientas para enfrentar escrutinio, así sea sesgado. En otras palabras, me parece que el mayor acto de rebeldía en este contexto es hacer lo posible para que mi trabajo y el de quienes trabajan conmigo tengan los reconocimientos necesarios.

Por eso, aunque entiendo perfectamente que la Dra. Mabel Torres sopese asuntos de propiedad intelectual y quiera discernir sus datos y análisis para asegurarse de poder formular una patente, es difícil entender qué acto de rebeldía hizo al no publicar algo que, ella está plenamente convencida, tiene una relevancia significativa para los seres humanos. Por el contrario, me parece que este actuar es inconsistente con la idea y necesidad de fortalecer una cultura científica moderna, abierta e íntegra en el país y en el mundo.

Colombia avanza a pasos pequeños pero seguros hacia la consolidación de una cultura científica que identifique el quehacer científico como lo que el país también puede y necesita hacer.  Una cultura científica que no sólo ayude a generar otras bases para la economía, sino que permita potenciar a Colombia como hacedora de conocimiento científico en un marco de cooperación global e internacional. Estoy completamente de acuerdo en que esto implica llevar el quehacer científico a las regiones. También estoy de acuerdo en que este diálogo tiene el potencial de crear líneas de investigación no anticipadas y puede guiar la toma de riesgo, que también es necesario al hacer ciencia. Incluso pensaría que una mirada científica para ese proceso de diálogo en sí mismo, podría llevar a la generación de políticas públicas en ciencia, tecnología e innovación que vayan más allá de ensayo y error. Pero debe quedar absolutamente claro que este diálogo no puede justificar, de ninguna manera, que se subvalore ni el aporte, ni la integridad, ni el rigor del trabajo científico. Porque, de nuevo, esto mina la confianza.

Wellcome Global Monitor 2018 es el estudio más grande, hasta el momento, sobre las actitudes del público a nivel mundial sobre la salud y la ciencia. Con repuestas de más de 140 000 personas en más de 140 países (Colombia entre ellos), logra dar una primera mirada sobre los niveles de confianza en la ciencia en cada parte del mundo, así como algunas de las razones que explican el nivel bajo, alto o medio en tal confianza.

Uno de los resultados de esta investigación es que las sociedades que son económicamente inequitativas tienden a tener un nivel de confianza más bajo en los científicos. Suramérica se identifica como una de las regiones donde se observa un mayor número de personas que confían muy poco en la ciencia. Esto significa que a menos que estos niveles de confianza cambien, las posibilidades de que Colombia se beneficie de la ciencia y el trabajo científico son limitadas.

Considero que la veracidad, precisión y completitud de la información sobre ciencia que ambos, las personas que hacemos ciencia y los medios de comunicación, demos al público en general, juegan un papel muy importante en fortalecer los niveles de confianza o desconfianza en la ciencia.

En Colombia trabajan científicos de excelencia y calidad humana indiscutible. Pero con un promedio de menos de cien personas dedicadas a la investigación por cada millón de habitantes (datos UIS/UNESCO) es claro que tenemos una urgencia de incrementar el capital humano de la comunidad científica colombiana para que cualquier persona pueda identificar el hacer ciencia como un campo de acción y una opción de vida posible en Colombia. Creo que es hora de que los diferentes públicos del país tengan la opción que no han tenido hasta el momento: la oportunidad de valorar la producción del conocimiento científico como una de las maneras más importantes y transformacionales que los seres humanos hemos desarrollado para interactuar y ser parte del mundo físico y natural, y hacerlo de manera sostenible.

Como lo escribí públicamente, lo repito aquí. Le deseo éxitos a la Dra. Mabel Torres y a todo el equipo del recientemente creado Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. Que su éxito se traduzca en avance y confianza en la ciencia en Colombia.

Nota: no conozco personalmente ni a la Dra. Mabel Torres ni a Pablo Correa.

Referencias

  1. Cancer Research UK. (2019). Mushrooms in cancer treatment. Recuperado en: https://www.cancerresearchuk.org/about-cancer/cancer-in-general/treatment/complementary-alternative-therapies/individual-therapies/mushrooms-in-cancer-treatment
  2. Landau, Elizabeth. (2014). I won the Nobel by experiment on myself. New Scientist. Recuperado en: https://www.newscientist.com/article/mg22329814-900-i-won-the-nobel-by-experimenting-on-myself/
  3. Torres, Mabel. (2019). La Silla Vacía. Recuperado en: https://lasillavacia.com/quienesquien/perfilquien/mabel-gisela-torres-torres
  4. Gallup. (2018). How does the world feel about science and health? Wellcome Global Monitor. Chapter 3: Trust in science and health professionals. Recuperado en: https://wellcome.ac.uk/reports/wellcome-global-monitor/2018/chapter-3-trust-science-and-health-professionals
  5. UNESCO Institute for statistics. (2017). R&D Data Release: Explore the Human and Financial Resources. Recuperado en: http://uis.unesco.org/en/news/rd-data-release-explore-human-and-financial-resources-invested-science

 

Alexandra Olaya-Castro es Licenciada en Educación en Física de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Bogotá, Colombia y Máster en Física de la Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia. En 2005 obtuvo un PhD en la Universidad de Oxford, Reino Unido, becada por el fondo Clarendon. Seguidamente, recibió una beca para investigador junior del Trinity College de la Universidad de Oxford. En 2008 comenzó su carrera en la Universidad de Londres, donde ahora es Profesora Permanente del Departamento de Física y Astronomía. En 2016 fue reconocida con la Medalla Maxwell del Instituto de Física, una de las mayores distinciones de la física teórica, por «su rol central internacional» en la biología cuántica, particularmente «por sus contribuciones a la teoría de los efectos cuánticos en sistemas biomoleculares». Twitter: @AlexOlayaCastro

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2 Comentarios

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Elisa Gresponder
01/09/2020 en 4:24 am

Gracias por brindarnos este punto de vista! Me gustaría mencionar un detalle sobre la ética científica, en particular del Doctor que bebió bacterias, del cual cabe escuchar el episodio del podcast Science Solved It titulado justamente así: «The Doctor Who Drank Bacteria». En lo personal me pareció que según aquella entrevista, el investigador prácticamente se sintió obligado a investigar -eso sí- en sí mismo primero-, debido a las observaciones de que las muestras de pacientes con úlceras cancerosas que llegaban a su laboratorio, tenían la infección de la bacteria en cuestión, y por otro lado, debido a que el apoyo de su comunidad científica era prácticamente nulo al aferrarse a cierto paradigma, lo cual lo paralizaba para obtener permisos de investigación. Si bien las comparaciones nunca son perfectas, creo que en este caso la comparación entre la doctora y el doctor se desniveló un poco en el sentido de que no parecieronn tener las mismas motivaciones en un nivel fundamental: pareciera que ella no volvió público sus datos para que así le fuera posible obtener una patente antes que nadie, (¿es demasiado suspicaz sugerir una cuestión de $$?), mientras que el otro investigador lo hizo por una restricción por creencias en su comunidad ,que detenía una línea de investigación alternativa con potencial.
Al final, sin embargo, me llevo de esta lectura la observación de la necesidad de crear una cultura científica informada, sin sesgos, en AL. Todo un reto!

Homero Pastranaresponder
06/02/2020 en 9:11 pm

Excelente punto de vista y comentarios que permiten ver los argumentos bien soportados sobre la investigación y polémica suscitada con el nombramiento de la Dra Mabel Torres y su entrevistador Pablo Correa. Por una sociedad mejor informada y con criterio.

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