UNA PERIODISTA COMO RATONA DE LABORATORIOS

María M. Pessina Itriago

Ilustración de Ada Peña.

Las injusticias siempre me han detenido a pensar, me sorprende cómo se generan y cómo persisten. Son cosas espantosas, pero allí están por los siglos de los siglos. El hecho de que existan diferencias pronunciadas entre unos y otros es aberrante para mí. Siempre me cuestioné porqué las mujeres en ciertos temas, actividades, carreras, etc., no eran «aptas». También me cuestioné la presencia casi absoluta de los hombres profesores en el sector universitario, me asombraba también que las prestigiosas conferencias, y los prestigiosos académicos invitados eran siempre hombres. No desvié nunca la mirada cuando sigiloso un hombre evadía la presencia femenina en búsqueda de la aprobación y presencia masculina para hablar de asuntos serios como política, economía, deportes, cultura, ciencia.

Siempre fui una inquisidora, trataba de detener estas actitudes, pero lo mío, en ese momento, era denominado como un acto de rebeldía, una chica fuera de sitio, una realenga, una libertina, una machorra. Sin embargo, me fui construyendo entre mis cuestionamientos, mis dudas, mis dificultades, mis complejos, y seguí este camino, el conocimiento y el sujeto que lo trasmitía era una de las cuestiones que me planteaba, ¿por qué no leemos a más mujeres?, ¿acaso ninguna pensó, acaso ninguna supo nada, acaso ninguna brilló, acoso ninguna aportó?, me cuestiono y cuestioné.

Simone De Beauvoir fue la culpable de «complicarme» la vida en vez de simplificármela y tomar el camino del bien. Sumergirme en la sumisión y en el silencio y solo acompañarme de revoltosos pensamientos, que si eran traviesos saldrían a través de un susurro a la oreja de aquella compañera, porque siempre consideré que las mujeres sí nos sabemos comprender. Fue así como descubrí a Marie Curie, sin querer o queriendo, en todo caso, con ella fue donde más me detuve y dije, pero ¿ si tenemos a una mujer que ha aportado a la humanidad a través de sus hallazgos científicos, vivió en pleno positivismo y, a pesar de ello, ganó dos Nobel? Y antes de ella, ¿quién estuvo?… la pregunta ameritó una larga investigación, y fue cuando descubrí que había una historia llena de Curies, que aún hay muchas Curies que siguen trabajando y aportando pero no son visibilizadas. Fue así como terminé escribiendo, investigando mucho, realizando muchos trabajos, muchos textos, muchas actividades, una tesis y luego mi libro. Esto no ha parado, no me he detenido ni un ápice, todo lo he hecho sin mucho apoyo, ni mucha confianza de nadie, más bien siempre me cuestionaban y preguntaban que porqué no investigaba sobre comunicación y género, y eso también lo hice.

Descubrí que este patrón del desarrollo del conocimiento y su exposición estaba muy vinculado con el género, las cosas dóciles para mujeres y las rudas para hombres, esto se refleja en la ciencia, en la sociedad, en la familia, en la política y, por supuesto, en los medios, en los que  vemos muy seguido la figura de un hombre blanco, de clase media-alta, con bata en un laboratorio, allí te das cuenta que no solo invisibilizan a las mujeres sino de lo mucho que sufren y son discriminados sujetos que son tratados como minorías o como poblaciones históricamente excluidas, las/los indígenas; los/las afroamericanos, los otros y las otras, que no han tenido ni tienen privilegios, porque son pobres, «diferentes» a lo ordinariamente propuesto por lo social, estatal y el poder.

Franz Fanon. Imagen de Pacha J. Willka, 31 de enero de 2012. disponible en Wikipedia.

Esto me recuerda a Fanon, quien sufrió una representada discriminación por su color de piel. Pues, tenemos que hablar igualmente de esa colonización del conocimiento por parte de quienes son considerados sujetos del saber. Frantz Fanon analizó esa relación de la biopolítca, y los procesos a través de los cuales las vidas de los colonizados se determinan como inhumanas, y se insertan dentro de un «lenguaje de pura violencia», sumergida en poderes violentos, soberanos y totalizantes. Por ello, el conocimiento para mí ha sido adoctrinado por el que tiene poder, el que tiene el saber y por lo tanto el reconocimiento, este sujeto ha sido el hombre privilegiado. Los negros para Fannon, luego de esa civilización de inserción social que se desarrolló en nuestra historia, aspiraron a entrar en este nuevo mundo moderno y civilizado, pero los blancos lograron establecer esa correlación de fuerza entre el lenguaje y la identidad racial. Fanon señala:

Yo empiezo a sufrir por no ser un blanco en la medida en la que el hombre blanco me impone una discriminación, hace de mí un colonizado, me arrebata todo valor, toda originalidad, me dice que yo parásito del mundo, tengo que ponerme, lo más rápidamente posible, a la altura del mundo blanco, que «soy una bestia»; que mi pueblo y yo somos un repugnante estercolero ambulante que prometía tiernas cañas y algodón sedoso, y que no tengo nada que hacer en el mundo.

Y volviendo a referirme a Fanon, lo que nos sucede es que este mundo es un mundo de blancos y los medios de comunicación han sociabilizado estos estereotipos, consolidando un tipo de sujeto con conocimiento y poder y por ello se nos niega un derecho de definirnos como otros sujetos de tejido y construcción social y cognitiva.

¿La ciencia, cuestión de hombres?

Por todo esto, abordé la pregunta en mi última publicación ¿La ciencia, cuestión de hombres? Mujeres entre la discriminación, los estereotipos y los sesgos de género, (CIESPAL-UNESCO 2018). Allí trato de plasmar esta problemática: las mujeres en el quehacer científico, sus dificultades, obstáculos y la discriminación que sufren en las instituciones en las que trabajan.

Portada del libro: ¿La ciencia, cuestión de hombres? Mujeres entre la discriminación, los estereotipos y los sesgos de género, (CIESPAL-UNESCO 2018).

El libro se enmarca en este giro de la discusión sobre feminismo y ciencia, y busca comprender esta relación a partir de la experiencia de mujeres en el oficio en Ecuador. Hay varias pistas para complejizar las preguntas planteadas, para entender a las mujeres que hacen ciencia en el Ecuador. Hace falta no solo analizar su experiencia concreta individual sino enmarcarla en la estructura organizativa del oficio y además pensarlas en relación a las críticas epistemológicas sobre qué significa hacer ciencia y hacerlo en Ecuador. Hago una revisión y debate de las múltiples aristas que contempla esta reflexión entre feminismo y ciencia. El texto hace un recorrido de los distintos caminos existentes para encarar una crítica feminista a la ciencia, desde la necesidad de develar el pensamiento androcéntrico hasta las propuestas del pensamiento situado, que deviene de la clase, raza y género.

También alerta sobre los sesgos en la organización social y la necesidad de romper con el mito de la dedicación exclusiva y el fetiche del aislamiento del mundo social para producir conocimiento, que se levantan como obstáculos importantes a la hora de pensar una carrera científica, no solamente para las mujeres sino para muchos grupos sociales.

También el texto ofrece un acercamiento a la subjetividad de las mujeres científicas, de sus tensiones, contradicciones y también de las pasiones por su oficio, a pesar de las dificultades. La discusión feminista sobre ciencia y tecnología comienza con el reconocimiento de la escasez de mujeres en las ciencias y asciende hasta cuestiones de trascendencia epistemológica; es decir, sobre posibilidad y justificación del conocimiento y papel del sujeto cognoscente. Además, que entre los planteamientos existe una pretensión de que las mujeres no pueden hacer ciencia como los hombres, pues su naturaleza biológica expresa características contrarias al quehacer científico, por ello hay una supuesta incapacidad de hacer ciencia. Así este determinismo biológico fue uno de los objetos de la crítica feminista.

Por su parte, esta investigación nos muestra, desde la ciencia, lo que sucede en materia de inclusión y acceso de las mujeres a la Institución donde se produce la ciencia: la universidad. Hay una tendencia de mayor proporción de mujeres que ingresan a la universidad, cosa que no sucede con la docencia, desde allí vemos ya diferencias, y esto es parte de lo que llamamos efecto tijera, esto es, cuando observamos cómo las mujeres van aumentando en los espacios académicos, como en las universidades, maestrías y doctorados, pero luego vemos que se disminuye su participación y presencia en cargos jerárquicos y laborales.

El libro es un trabajo metodológico que muestra los procesos en el aspecto del desarrollo de la escogencia de la carrera que han vivido las mujeres científicas. Además, se presentan datos que muestran que hay más mujeres que acceden a la educación superior pero los cargos de dirección y su trabajo como investigadoras se reducen. Bajo este panorama, las mujeres no acceden a cargos de decisión. También discute la situación de la publicación de investigaciones por parte de las científicas, que en su mayoría prefieren publicar con compañeros hombres, dato importante para seguir el análisis.

Reflexiones

Aún falta mucho más por visibilizar, como por ejemplo las distintas barreras que enfrentan las mujeres en su trabajo científico. Citando a Ana Buquet (UNAM)

…la segregación disciplinaria, que se traduce en alta participación de mujeres en la investigación humanística y muy baja en la investigación científica. Las diferencias se profundizan si se combinan las dos formas de segregación: en la investigación científica pocas son las mujeres que alcanzan a tener una plaza de investigadora titular C.

El sexismo académico comienza en la formación y sigue en el desarrollo profesional. El sexismo en las instituciones educativas tomó un giro particular a raíz del debate sobre el laicismo en la segunda mitad del siglo XIX. El sexismo no sólo se manifestó en reglamentos y disposiciones, sino que se afirmó como necesidad. Al atribuir a cada sexo un cometido social prescrito, se manifestaron dos modelos educativos diferenciados. De esa manera se han podido identificar algunos obstáculos que enfrentan las mujeres dentro de estas áreas como: la discriminación. Entre ellas está la territorial en la que las mujeres se dedican a ciertas disciplinas científicas más «apropiadas» para ellas. También las de la jerarquía: las mujeres quedan en los escalones inferiores de la escala profesional o académica. Asimismo, existe una discriminación abierta, por ejemplo en el acceso de las mujeres a las universidades y academias científicas y una discriminación encubierta como puede ser las microdesigualdades, los micromachismos, el efecto tijera y el techo de cristal.

Podemos preguntarnos si ¿ha supuesto algún impacto en la ausencia de mujeres en contenidos teóricos y desarrollos tecnocientíficos? O ¿Sería diferente nuestra ciencia si hubiera habido más mujeres en ella? Es por ello que es importante hacer un análisis de disciplinas y teorías concretas de la casi omnipresencia de las metáforas de género y de los sesgos sexistas y androcéntricos en las disciplinas. Reforzar las políticas públicas para lograr igualdad de condiciones y oportunidades, a pesar de que están consideradas en diferentes normativas estatales.

No hay duda de que tras los nombres de Sophie Germain, Marie Curie y Rosalind Franklin se esconden muchas más investigadoras que han contribuido y contribuyen al desarrollo de la ciencia, a pesar de haber pasado desapercibidas en muchas ocasiones. Encontramos, por ejemplo, la argentina Mariana Weissman contribuyó al análisis matemático de las propiedades macroscópicas de los materiales. Fue la primera científica que perteneció a la Academia Argentina de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

Por otro lado, la española Margarita Salas es otra de las indispensables en cualquier trabajo sobre mujeres científicas. Salas fue alumna del Nobel Severo Ochoa y ha sido responsable de la creación de una auténtica escuela de científicos especializados en biología molecular. También encontramos a la ecuatoriana Eugenia del Pino, considerada una de las 10 científicas latinoamericana más influyentes, según la BBC y otras más que estamos estudiando para el desarrollo de la tesis.

Hay algunos casos en la historia que nos podrían responder con hechos fácticos estas respuestas por ejemplo, Jane Goodall quien estudió los chimpancés del lago Tanganika desde 1960, y trabajó la importancia de la comunicación no verbal (besarse, abrazarse). Otro caso podría ser Dian Fossey (1933-1985), quien desde 1967 estudió los gorilas de montaña de las Virunga (Ruanda). Ella analizó la vida en grupos familiares. También encontramos a Biruté Galdikas (1946), una científica alemana quien estudió desde 1971 a los orangutanes de Borneo y fue quien puso en cuestión el estereotipo de la hembra pasiva e independiente, dando otro ejemplo de una teoría de la evolución.

Sin duda, actualmente la presencia de las mujeres a lo largo de la historia de la construcción del conocimiento es un hecho incuestionable. El problema reside cómo incorporamos el trabajo de la ciencia a la historia de la ciencia actual, una ciencia emergente, relativamente joven pero construida con pretensión de seguir los mismos patrones de objetividad, neutralidad, positivismo y masculinidad que la ciencia que quiere historiar.

También el problema puede plantearse que a medida que existan barreras que impiden a las mujeres acceder a puestos directivos en torno a la investigación, las mujeres científicas no estarán participando de manera equitativa con respecto a los hombres. Por lo tanto, bajo el escenario que vive Ecuador es vital garantizar la igualdad de oportunidades, igualdad de género en estos campos de estudio.

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María Pessina Itriago es Feminista. Periodista e investigadora venezolana, master en género y desarrollo por la FLACSO-Ecuador. Reside en Ecuador desde hace 15 años. Ha escrito textos referentes a Género, Ciencia, Tecnología e Innovación, sobre Comunicación y Género y Educación Superior y Género. Ha participado como ponente en congresos, seminarios y conversatorios nacionales e internacionales, asimismo ha sido invitada como profesora en la Universidad Autónoma de Hidalgo (México) y es miembro del comité científico del congreso iberoamericano de ciencia, tecnología y género. Su último libro ¿La Ciencia, cuestión de hombres? Mujeres entre la discriminación, los estereotipos y sesgo de género ha sido presentado en Ecuador, España, Suiza y México.

 

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