DESCUBRIENDO LAS BESTIAS DE LA VENEZUELA PREHISTÓRICA

Luis Miguel Montilla

 

 Ilustración de Ada Peña. Ilustración de Ada Peña.

Tesoro fósil latinoamericano

Probablemente tú también pasaste por una fase de afición por los dinosaurios en la niñez; esas cautivadoras criaturas de un pasado distante de las cuales sólo nos quedan sus restos convertidos en rocas. Si diésemos un paso más, desatando nuestra imaginación y quisiéramos escribir una versión más regional del clásico Parque Jurásico de Michael Crichton, contaríamos con perezosos gigantes, aves con dientes diminutos (aunque técnicamente sería más correcto llamarlos pseudodientes), tigres colmillos de sable, primates, serpientes marinas, y por supuesto, algunos dinosaurios en el sentido más tradicional. Al norte de Sudamérica contamos con una riqueza de fósiles que seguramente era totalmente desconocida para ti. Desde el Laboratorio de Paleontología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), sus investigadores se han dedicado a traer al presente los restos de estas bestias prehistóricas.

 Infografía del autor.
Infografía del autor.

La paleontología en Venezuela es un ejemplo de un campo de investigación que da sus primeros pasos en un entorno con abundantes descubrimientos por realizar. Al mismo tiempo, el contexto político-económico en el que se encuentra el país desde hace años representa un obstáculo que entorpece la eficiencia de las investigaciones ya que se requieren muchos recursos (como vehículos y viáticos para ir al campo, análisis geoquímicos especializados y la infraestructura de los laboratorios) para ejecutarlos. Por otra parte, el territorio venezolano, en toda su extensión, permanece bastante inexplorado, paleontológicamente hablando. Una razón es la falta de recursos humanos dedicados a esta área del conocimiento. En este sentido, el Laboratorio de Paleontología representa la primera escuela de formación de nuevos talentos que han contribuido significativamente a la investigación científica en ese campo en los últimos años.

Andrés Solórzano, investigador de este laboratorio es uno de estos nuevos paleontólogos y nos concedió una entrevista para describirnos la dinámica del trabajo en Venezuela. Como todos los niños, también estuvo atrapado por el sueño de descubrir nuevos fósiles, idea que seguía latente cuando inició la carrera de Geología en la Universidad Central de Venezuela. Pero también, como otros tantos, Andrés desconocía si en el país se desarrollaba algún tipo de investigación en el área. Sus dudas se disiparon cuando conoció y comenzó a trabajar con el Dr. Ascanio Rincón, fundador y líder del Laboratorio de Paleontología en el IVIC, a quién Andrés ahora describe como su padre académico y su pana (su amigo o camarada).

Andrés ha tenido participación en casi todos los descubrimientos importantes que han realizado durante los últimos 8 años. En ese sentido nos explica:

De los más interesantes y significativos han sido todos los que hemos realizado cerca de la ciudad de Carora (estado Lara). Allí hemos colectado una muy interesante fauna de perezosos (Baraguatherium), tortugas (Chelus), caimanes y gaviales (Purussuaurus y Gryposuchus) y algunos otros mamíferos que aún estamos estudiando.

En particular relata con emoción, sobre ese sitio, que:

Un día, muy cerca de donde estacionamos el carro, me acerqué a un afloramiento [lugar donde están bien expuestas las rocas] y encontré algo que a primera vista parecía un montón de fragmentos de costillas de algún mamífero. En primera instancia no le di mayor relevancia al hallazgo, porque una costilla digamos que no es tan interesante. Pero 5 minutos después de examinar detalladamente (y limpiar un poco) esta “costilla”, nos dimos cuenta que más bien eran fragmentos de mandíbula de un ave voladora gigante extinta, bastante inusual, de la familia Pelagornithidae. Estos restos los publiqué junto con Ascanio un par de años después en la revista Journal of Vertebrate Paleontology [una de las más prestigiosas en su campo] como el representante del género Pelagornis más antiguo del subcontinente sudamericano. Creo que hasta el momento es uno de mis hallazgos preferidos.

Recuerda Andrés y luego prosigue con entusiasmo:

Un día de campo es algo diferente, pues nos encanta ir de campo. Esos días dejamos atrás todos los problemas personales, y el ajetreo de la vida cotidiana y nos dedicamos a la búsqueda o “cacería” de fósiles. Un famoso paleontólogo americano George Gaylord Simpson quien también trabajó algún tiempo en Venezuela (hace muchos años), lo describe muy acertadamente de la siguiente forma: “Los paleontólogos somos un tipo especial de cazador. Nosotros vamos al desierto en busca de animales prehistóricos, pero a diferencia de los cazadores de hoy en día, nosotros no matamos a nuestra presa. Nosotros la traemos a la vida.” Y la verdad es que contemplar un animal nunca antes visto por cualquier otro ser humano es adrenalina pura. Aunque al margen de encontrar algún fósil interesante o espectacular, descubrir qué tipo de animal tenemos entre las manos es incluso más interesante que el mero hecho de encontrarlo. Intelectualmente es un desafío, y es uno de los aspectos que nos motivan día a día a seguir leyendo, y estudiando más y más de este interesante, y a la vez desafiante, tema de la paleontología.

Sin embargo, las salidas de campo paleontològicas no parecen nada sencillas, Andrés relata las dificultades:

«Una descripción más vívida de un día de campo sería, despertarnos muy temprano (4 am) para estar desde las 6-7 am en el sitio paleontológico (para evitar lo más posible el inclemente sol), colocarnos nuestro sombrero de campo (ojo NO tipo el de Indiana Jones, él era arqueólogo no paleontólogo…) y nuestras camisas manga larga. Dentro de nuestro morral, colocamos nuestros envases con agua fría, un sanduchito para el almuerzo. Y allí nos adentramos usualmente en las zonas semidesérticas de los estados Lara y Falcón, hacia el occidente de Venezuela (principalmente) hasta que el sol y el cansancio nos lo permita. Usualmente regresamos al campamento base (el vehículo donde nos desplazamos) entre las 5 o 6 de la tarde (con suerte con algún animal nunca antes visto en el morral). Y esas jornadas de trabajo duran usualmente entre 2 a 5 días, aunque dependiendo de la logística pueden extenderse hasta 15-21 días».

El cráneo del ave sobre el que nos habla Andrés podría lucir como el de la siguiente imágen:

 Cráneo de Pelagornis mauretanicus . Imagen de Didier Descouens para Wikipedia.
Cráneo de Pelagornis mauretanicus . Imagen de Didier Descouens para Wikipedia.

Fue un ave marina asignada al género Pelagornis. Para formarte una mejor idea de este grupo, imagina un albatros, con sus tres metros o más de envergadura y con minúsculos dientes a lo largo de su pico. Los paleontólogos suponen que estos dientes eran usados para sujetar a las presas en vez de masticarlas. Aunque no pueden asegurar que los fósiles venezolanos correspondan a una especie nueva, sí pueden afirmar que se trata del registro más antiguo de Sudamérica.

Este hallazgo fue realizado en la Formación Castillo del Cerro La Cruz, una sección expuesta en la Sierra La Baragua, ubicada en el centro-occidente de Venezuela. En esta zona también se encontraron los restos de un perezoso gigante de hábitos costeros, con la diferencia de que los fósiles pudieron ser clasificados como una nueva especie de perezoso gigante: Baraguatherium takumara. (Baragua, por el sitio del descubrimiento; therium, vocablo griego que significa bestia; y takumara, perezoso en ayamán -lengua indìgena venezolana-). Es decir, fue bautizado como el Perezoso bestial de La Baragua. Un nombre que no es difícil de asociar si consideramos que los investigadores estimaron que los restos pertenecían a un perezoso de entre 500 y 760 kg (imagina un perezoso de patas robustas y del tamaño de un bisonte). Este perezoso también está entre los más recientes de su grupo para el norte de Sudamérica, existiendo entre 17 y 18 millones de años atrás.

 Colección de perezosos gigantes, Museo de Historia Natural de Nueva York. Imagen de Dallas Krentzel. 
Colección de perezosos gigantes, Museo de Historia Natural de Nueva York. Imagen de Dallas Krentzel.

Hacia el oriente de Venezuela también existen otras fuentes de fósiles interesantes, como por ejemplo el Breal de Orocual descubierto apenas en 2006, un depósito de asfalto del cual se han extraído una diversidad de restos prehistóricos que sugieren en su momento la región pudo haber sido una gran sabana como los llanos venezolanos. En estas sabanas probablemente acechó el tigre dientes de sable o dientes de cimitarra, Homotherium venezuelensis, fácilmente reconocible por su par de colmillos enormes. Los restos de de esta especie son de los únicos encontrados en Sudamérica y probablemente se trate de especies que llegaron a estas regiones desde el norte, luego que los continentes se conectaron hace 2,5 a 3 millones de años.

 Réplica de esqueleto de Homotherium venezuelensis en PDVSA La Estancia, Maracaibo. Imagen de George Miquilena para Wikipedia. 
Réplica de esqueleto de Homotherium venezuelensis en PDVSA La Estancia, Maracaibo. Imagen de George Miquilena para Wikipedia.

Por supuesto, no podríamos dejar de mencionar al dinosaurio descubierto más recientemente: Tachiraptor admirabilis. Sus restos fueron encontrados en la región andina de Venezuela, en el suroccidente del país. El tachiraptor fue un pequeño carnívoro, de alrededor de 1,5 metros que vivió hace aproximadamente 200 millones de años, como la datación más antigua que estiman los expertos. El descubrimiento fue divulgado un par de meses después del anuncio del primer dinosaurio venezolano, Laquintasauria venezuelae, un herbívoro más pequeño que probablemente fue parte de la dieta del Tachiraptor.

 La localidad del Tachiraptor admirabilis  en Venezuela.  Mapa: Max C. Langer, Ascanio D. Rincón, Jahandar Ramezani, Andrés Solórzano, Oliver W. M. Rauhut .
La localidad del Tachiraptor admirabilis en Venezuela. Mapa: Max C. Langer, Ascanio D. Rincón, Jahandar Ramezani, Andrés Solórzano, Oliver W. M. Rauhut .

Esta es una pequeña muestra de los hallazgos paleontológicos en Venezuela, y probablemente no es sino un abreboca a los misterios que encierran las regiones inexploradas de nuestro país, ¿Cuántas bestias prehistóricas esperan ser desenterradas por estas y nuevas generaciones de paleontólogos que poco a poco reconstruirán el pasado lejano de nuestra región?

Agradecimiento: Andrés Solórzano desea reconocer la participación del resto del equipo del Laboratorio de Paleontología del IVIC: Mónica Núñez, MSc., Damian Ruiz, PhD., Leonardo Sánchez, Lic., y Carlos Cáceres, Lic.

Referencias

1. Solórzano, A. and Rincón, A. D. (2015). The earliest record (early Miocene) of a bony-toothed bird from South America and a reexamination of Venezuelan pelagornithids, Journal of Vertebrade Paleontology, 35, e995188.

2. Rincón, A. D., Solórzano, A., McDonald, H. G. and Flores, M. N. (2017). Baraguatherium takumara, Gen. et Sp. Nov., the Earliest Mylodontoid Sloth (Early Miocene) from Northern South America, Journal of Mammal Evolution, 24, 179–191.

3. Rincón, A. D., Prevosti, F. J. and Parra, G. E. (2011). New saber-toothed cat records (Felidae: Machairodontinae) for the Pleistocene of Venezuela, and the Great American Biotic Interchange, Journal of  Vertebrate Paleontology, 31, 468–478.

4. Langer, M. C., Rincón, A. D., Ramezani, J., Solórzano, A. and Rauhut, O. W. M. (2014). New dinosaur (Theropoda, stem-Averostra) from the earliest Jurassic of the La Quinta formation, Venezuelan Andes. Royal Society of Open Science, 1, 140184.

5. Barrett, P. M. et al. A palaeoequatorial ornithischian and new constraints on early dinosaur diversification. Proceedings of the Royal Society of London B: Biological Sciences 281, 20141147 (2014).

6. Cidade, G. M., Solórzano, A., Rincón, A. D., Riff, D. and Hsiou, A. S. (2017). A new Mourasuchus (Alligatoroidea, Caimaninae) from the late Miocene of Venezuela, the phylogeny of Caimaninae and considerations on the feeding habits of Mourasuchus. PeerJournal, 5, e3056.

7. Ruiz-Ramoni, D., Rincón, A. D., Solórzano, A. and Moyà-Solà, S. (2017). The first fossil Platyrrhini (Primates: Anthropoidea) from Venezuela: A capuchin monkey from the Plio-Pleistocene of El Breal de Orocual, Journal Human Evolution, 105, 127–131.

8. Albino, A., Carrillo-Briceño, J. D. and  Neenan, J. M. (2016). An enigmatic aquatic snake from the Cenomanian of Northern South America. PeerJournal, 4, e2027 (2016).

9. Rincón R., A. D., Alberdi, M. T. y Prado, J. L. (2006). Nuevo registro de Equus (Amerhippus) santaeelenae (Mammalia, Perissodactyla) del pozo de asfalto de Inciarte (Pleistoceno Superior), estado Zulia, Venezuela. Ameghiniana, 43, 529–538.

Luis Miguel Montilla es biólogo egresado de la Universidad Simón Bolívar, Venezuela. Como ecólogo marino su interés principal es el estudio de los arrecifes coralinos. Le apasiona el proceso de investigación para responder nuevas preguntas o para explorar las que ya se conocen en sistemas donde no se han planteado. Como científico y divulgador procura aplicar el lema «Nuestro entendimiento de la naturaleza le pertenece al mundo». Twitter e Instagram: @Luismmontilla

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