LA DESAPARICIÓN DE MAJORANA o ¿POR QUÉ LA MAR LO RECHAZÓ?

Adel Khoudeir

Ilustración de Ada Peña.

Desaparecer no es una tarea fácil, requiere ser muy inteligente y tener algo de suerte, tal vez. Es el caso de Ettore Majorana, cuando muy entrada la noche del 25 de Marzo de 1938, abordó un barco de vapor desde Nápoles que arribó a Palermo la mañana siguiente y ese mismo día emprendió el viaje de regreso. Desde entonces Majorana desapareció.

Pero, ¿quién fue Ettore Majorana?

Nací en Catania el 5 de agosto de 1906. Estudié el bachillerato de letras y obtuve el Título en 1923. Luego, en Roma, cursé la carrera de ingeniería hasta el penúltimo curso. En 1928 decidí dedicarme a las ciencias puras y solicité y obtuve permiso para pasar a la Facultad de Física; en 1929 me doctoré en física teórica bajo la dirección del excelentísimo señor Enrico Fermi, con la tesis: La Teoría Cuántica de los Núcleos Radiactivos, con la que obtuve sobresaliente Cum Laude…

Así escribió Majorana un resumen de su vida en 1932. Majorana provenía de una familia reconocida y adinerada de Sicilia. Su padre, Fabio, era ingeniero y uno de los cinco hijos de Salvatore, político y ministro del gobierno italiano a finales del siglo XIX, mientras que la familia de su madre, Salvatrice, pertenecía a la aristocracia sureña italiana. Los tíos fueron distinguidos abogados y economistas que ocuparon puestos en el parlamento italiano y la rectoría de la Universidad de Catania, su tío Quirino Majorana fue un físico experimental de la Universidad de Bolonia que llegó a presidir la Sociedad Italiana de Física.

En 1921, su familia se mudó a Roma, puesto que su padre fue trasladado de su puesto de trabajo en la compañía telefónica en Catania a la capital italiana. Ahí, Ettore Majorana terminó sus estudios de secundaria en un instituto religioso dirigido por jesuitas, quienes junto a la influencia de su madre forjaron una fuerte convicción religiosa en Majorana.

En 1923, ingresó en la Universidad de Roma para estudiar la carrera de ingeniería y al cuarto año, sus amigos Eduardo Amaldi y Emilio Segré lo convencieron de cambiarse a la carrera de física donde se graduó en 1929. En el interín de su formación académica, Munich, Gotinga, Berlín y Copenhague fueron los escenarios donde se gestó un cambio radical en la visión de la naturaleza y su realidad: La Mecánica Cuántica. Roma, para no quedar rezagada contrató en 1926 al gran físico, el excelentísimo Enrico Fermi, quien comenzó a formar un grupo de talentosos y promisorios jóvenes: Segré, Amaldi, Giovanni Gentile Jr., Bruno Pontecorvo y Giancarlo Wick, conocidos como los chicos de la vía Panisperna en alusión a la calle donde se encontraba el Instituto de Física. Más adelante, Enrico Fermi obtendría el Premio Nobel por sus aportes a la comprensión de la radioactividad, los fenómenos nucleares y proponer la primera teoría de la interacción débil.

La historia relata que el primer encuentro de Majorana con Fermi fue sorprendente, digamos que mágico. Fermi hablaba a sus chicos de las soluciones numéricas que había obtenido de una complicada ecuación diferencial no lineal para describir el espectro de energías de átomos multielectrónicos, conocido como el modelo de Thomas-Fermi. Al día siguiente, Majorana le pidió a Fermi ver de nuevo esos resultados y cotejarlos con los que él había obtenido la noche anterior. Majorana había simplificado la ecuación diferencial de manera ingeniosa e inédita, y así obtuvo fácilmente soluciones que concordaban exactamente con las de Fermi. Fue tal la admiración de Fermi que luego llegó a afirmar que «una vez que un problema ha sido formulado, nadie en el mundo es capaz de resolverlo mejor que Majorana».

Una obra breve, pero de mucho impacto para la física

Su carrera académica y como investigador fue muy corta, solo publicó 10 artículos científicos. Los primeros ochos en el período de 1928 a 1933, importantes trabajos en física molecular, atómica, nuclear y en el área de física matemática, donde fue el primero en obtener las representaciones irreducibles del grupo de Lorentz, un avance crucial para la física de partículas.

El noveno, fechado en 1938, presionado por Fermi para que lo publicase y quizá el de mayor vigencia actualmente, es donde Majorana proponía una novedosa caracterización de lo que el famoso y escurridizo neutrino podría ser. Actualmente, sabemos que existen tres tipos de neutrinos y que tienen una masa muy pequeña, y es tema de frontera la confirmación de que los neutrinos sean partículas de Majorana, partículas que son completamente idénticas a sus antipartículas, cosa que implicaría grandes avances en la física de altas energías. Todo esto traería cambios importantes sobre nuestra visión de algunas propiedades de las partículas subatómicas, como la no conservación de algunas de sus propiedades, así como del problema de la materia oscura en cosmología. Además en la física del estado sólido se han observado partículas exóticas que se describen muy bien como partículas de Majorana.

El último trabajo fue póstumo, publicado en 1942 y rescatado por su amigo Giovanni Gentile Jr. (hijo de un conocido filósofo y ministro del fascismo). Es un artículo raro, el cual trataba no sobre física sino sobre el papel de la estadística en las ciencias sociales.

Digamos que las publicaciones de Majorana tienen su símil en la obra literaria de Juan Rulfo quien con sus dos celebérrimas novelas, cambió el curso de la literatura latinoamericana del siglo XX. En vida, Majorana era renuente a publicar, quizá porque perdía rápidamente el interés, como se refleja en la siguiente anécdota:

En 1932 el matrimonio Joliot-Curie reportó que una partícula eléctricamente neutra emitía un protón. En su publicación, estos científicos concluyeron que era un fotón el que lo emitían. A Majorana se le oyó exclamar «qué tontos son, han descubierto el protón neutro y no se han dado cuenta» y le explicó a Fermi y su pandilla, por qué era una nueva partícula de masa parecida al protón pero sin carga. Fermi lo instó a publicar rápidamente, pero Majorana desestimó el consejo. En ese mismo año, Chadwick, redescubrió experimentalmente esa nueva partícula y la llamó el neutrón y obteniendo así el Nobel de Física en 1935.

También, en ese mismo año, Majorana comenzó a describir un modelo nuclear, justo cuando en Leipzig, Werner Heisenberg publicaba un artículo con ideas similares. A raíz de esto, Fermi le sugirió a Majorana que fuera a visitar a Heisenberg en Leipzig y a Niels Bohr en Copenhague. Entonces, en enero de 1933, Majorana inició su periplo a Alemania y Dinamarca hasta el comienzo del otoño de ese año.

En Leipzig, su encuentro con Werner Heisenberg fue para Majorana muy reconfortante, agradable y productivo, como lo reflejó en las cartas que enviaba a su madre, llegando a publicar un artículo donde proponía un modelo del núcleo atómico basándose en una original idea sobre intercambio de fuerzas. En cambio, su paso por Copenhague no resultó satisfactorio, muy poco fueron los encuentros con Niels Bohr.

Al Regresar a Roma, le dio una gastritis. Desde entonces, redujo drásticamente sus visitas al Instituto y se enclaustró en su casa. Pocos fueron los contactos con sus amigos Amaldi, Segré, Gentile Jr. y Fermi.

Actualmente sabemos que en este sombrío período (1933-1937), Majorana no se apartó de la física, como consta en los variados documentos sin publicar y que están preservados en el Domus Galilaeana en Pisa: programas de cursos de mecánica cuántica, teoría de grupos y métodos matemáticos, además de notas sobre la cuantización del campo electromagnético donde consta que obtuvo, independientemente, resultados que habían iniciado los pioneros de la teoría cuántica de campos, marco matemático actual del modelo estándar de partículas subatómicas.

Años después, Gian Carlos Wick atestiguó que Majorana había desarrollado una teoría relativista para partículas cargadas con spin cero, basada en sus ideas sobre cuantización de campos, antes de que Pauli y Weisskoff lo publican en 1934. Incluso, algunos sostienen que en la herencia de Majorana se puede rastrear el origen de las integrales de camino de Feynman.

Majorana reapareció en el año 1937 con la publicación de su famoso artículo para describir partículas neutras que son sus mismas antipartículas y así participar en la convocatoria por oposición a tres cargos fijos. Dicen que su inscripción a estos concursos fue motivado por Enrico Fermi y se sospechó que su inopinada aparición descuadró los planes originales del concurso en una Universidad bajo dominio totalitario. Fermi, como presidente del jurado, tuvo que suspender el concurso por orden mayor del gobierno fascista. No obstante, recomendó y solicitó al ministerio de educación un puesto fijo, sin ningún llamado a concurso, para Ettore Majorana y que le fue concedido en el Instituto de Física de la Universidad de Nápoles.

El 11 de enero de 1938, Ettore Majorana arribó a Nápoles y al día siguiente se presentó en el Instituto de Física, cuyo director era Antonio Carrelli. El jueves 13, Majorana inició sus actividades docentes que cumplió normalmente hasta que el viernes 25 de marzo.

Solo los genios desaparecen

Después de regresar del Instituto, escribió dos cartas, una a Carrelli y la otra a su familia. A las 10:30 pm de ese día, abordó un barco de Nápoles a Palermo. En la misiva a Carrelli, le anunció su decisión de desaparecer y expuso una excusa consciente de esa acción. La otra carta, la dejó en el hotel donde se alojó y le pidió a su familia que «…no se vistan de negro, que lo recuerden y lo perdonen». En la madrugada del sábado llegó a Palermo y le envió a Carrelli un telegrama: «Querido Carrelli, espero que te llegaran a la vez el telegrama y la carta. El mar me rechaza y vuelvo mañana…». Ese mismo día, a las 7 de la noche emprendió regreso a Nápoles. Esa fue la última noticia que se tuvo de él. Majorana había desaparecido y el mar lo había rechazado.

Cuentan que Fermi al enterarse, por Carrelli, de la desaparición de Majorana comentó: «Con lo inteligente que es, si hubiera decidido desaparecer, o hacer desaparecer su cadáver, lo habría conseguido sin ninguna duda».

Por otra parte, los familiares de Majorana, convencidos de que él había regresado vivo a Nápoles, comenzaron a insistir con la policía para su búsqueda. Con ese mismo objetivo, Giovanni Gentile, ministro de educación del régimen fascista y padre de Giovanni Gentile Jr., el muy buen amigo de Majorana, y Enrico Fermi, quien a finales de ese año recibiría el Premio Nobel de Física y huiría a los Estados Unidos en vez de regresar a Italia, solicitaron a Mussolini, premura en la investigación con el paradero de Majorana, el cual encaró a su jefe de policía Arturo Bochini con un “Quiero que lo encuentre” y quién respondió sutilmente a su jefe: “A los muertos se los encuentran, son los vivos los que desaparecen”.

Transcurrido un poco más de un año, el caso fue cerrado policialmente como suicidio. Pero, ¿Fue un suicidio?, y si no es el caso ¿ Cuál fue el destino de Majorana? Varias son las versiones que han pretendido dar cuenta de la desaparición de Ettore Majorana.

La hipótesis del suicidio que ha perdido total vigencia, el cuerpo de Majorana no fue encontrado, además la profunda convicción religiosa y el hecho que Majorana haya retirado sus ahorros y cobrado los sueldos de los primeros meses de trabajo en Nápoles, así como que su pasaporte nunca fue encontrado descartan la intención suicida de Majorana. Hay quienes sostuvieron que Majorana desapareció para convertirse en un mendigo que deambuló por Nápoles.

Otra especulación afirmaba que Majorana era un espía nazi y que se trasladó secretamente a Alemania para trabajar con Heisenberg en el proyecto de la bomba atómica y luego fue asesinado en el transcurso de la segunda guerra mundial. Desechadas estas elucubraciones, tenemos la versión literaria en las manos del escritor italiano Leonardo Sciascia, quien recrea en una novela una versión humana y mística de la desaparición, conjeturando que como Majorana había previsto antes que nadie la nefasta construcción de la bomba atómica -detalle que no es cierto-. Dice el autor que los científicos no podían influenciar las decisiones de los poderes políticos y que por lo tanto había decidido entonces desaparecer, encerrándose en un monasterio y así llevar una vida monacal, despreocupada de la cotidiana vida mundana.

Derecha: el joven en Majorana Roma, izquierda: el adulto Sr. Bini en Valencia.

Curiosamente, en el año 2008, en un programa de una televisión italiana, en un reality show sobre personas desaparecidas, hablaban del caso Majorana y surgió una llamada telefónica de un televidente de nombre Robero Fasani, quien comenta que ese señor Majorana era un tal señor Bini, quien vivió en la ciudad de Valencia, Venezuela, a finales de la década de los años 50 del siglo pasado; y proporcionó una fotografía del supuesto Sr. Bini. Las experticias policiales determinaron una similitud tan exacta en las fotografías de Majorana joven y del Sr. Bini, a tal punto que, junto a otras evidencias, en el año 2015, la fiscalía italiana sentenció que Majorana vivió en Valencia.

Así que, ¿cómo es eso que Majorana vivió en Venezuela? No sabemos con exactitud cómo llegó a Venezuela pero si hay fuertes evidencias que Ettore Majorana vivió en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, al menos hasta mediados de la década de 1950.

El físico Salvatore Esposito de la Universidad de Nápoles, ha realizado un excelente trabajo de investigación que sustenta el hecho de que Majorana estuvo en Argentina. Sostiene Esposito, que lo más probable fue que Majorana abordó el 26 de marzo de 1938 el barco Oceanía en Nápoles, que venía de Trieste e iba a Buenos Aires. Así debió haber llegado Majorana a Argentina y muchos años después, esa sospecha fue ventilada entre corredores de una conferencia de físicos en Verona en 1977. La sospecha radicaba en que un físico chileno de nombre Carlos Rivera Cruchaga, conoció en Buenos Aires, en los años 1950 y 1954, a personas que dieron fe, casi absoluta, de la presencia y la amistad de Ettore Majorana en Buenos Aires. En particular, un empleado del Hotel Continental, de apellido Baudano le aseguro que Majorana era un asiduo visitante del café de ese hotel, cercano a la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, donde en 1934 Enrico Fermi había dictado conferencias en una visita que realizó a Argentina y que Segré rememoraba cómo Fermi contaba entusiásticamente su experiencia en Buenos Aires a su regreso a Roma.

Todavía quedan rastros ocultos por aclarar en la desaparición de Majorana, como por ejemplo saber cuándo y de qué manera pudo haber llegado a Venezuela y sobre todo sus restos físicos porque todavía prevalece la idea que «…son los vivos los que desaparecen».

Desaparecer no es fácil, no es suficiente contar con la ayuda de la diosa fortuna, se necesita, imprescindiblemente, ser un original en la disciplina, un genio en éste arte y como bien lo expresó Fermi: «…hay genios como Galileo y Newton. Bien. Ettore fue uno de ellos».

REFERENCIAS

  1. Esposito, S. (2010). The disappearance of Ettore Majorana: an analytic examination. Contemporary Physics 51, 193 – 209.
  2. Esposito, S. (2008). Ettore Majorana and his heritage seventy years later. Annalen Phys 17, 302-318,1997. arXiv:0803.360225.
  3. Holstein, B. (2009). The mysterious disappearance of Ettore Majorana. Journal of physics: Conference Series 173, 012019.
  4. Recami, E. (2014). Ettore Majorana: his work and his life. Internartional Journal of Modern Physics D23, 1444004.
  5. Wilczek, F. (2009). Majorana returns. Nature Physics 5, 614–618.
  6. Sciascia, L. (2007). La Desaparición de Majorana. Barcelona, España: Tusquets Editores.
  7. Zichichi, A. (July 24, 2006). Ettore Majorana: genius and mystery.
    Cern Courier.

 

 

Adel Khoudeir es Profesor Titular de la Facultad de Ciencias y del Postgrado de Física Fundamental de la Universidad de los Andes, Mérida, Venezuela; Lic. en Física ( Universidad de los Andes, Mérida, Venezuela); Doctor en Física (Universidad Simón Bolívar, Caracas, Venezuela).

 

 

 

 

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3 Comentarios

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Adel Khoudeirresponder
10/07/2019 en 7:39 pm

Si, creo haber visto este año que salió una película o documental sobre Majorana y a lo mejor tiene relación con lo que tu señalas. Todavía hay cosas por aclarar. ¿cuál es el libro de los 3 periodistas?

Alfredo Silvaresponder
04/07/2019 en 7:50 pm

Ilustrativo y muy ameno.
Gracias.

Felix Morontaresponder
04/07/2019 en 4:09 pm

Hola Adel. Disfruté mucho esta reseña de Majorana. Viviendo en Italia, escuché sobre su historia y me fascinó desde el primer momento. Hace poco terminé de leer un libro de tres periodistas italianos quienes fueron hasta Valencia y Caracas, en 2015, en buca de pistas de la estancia de Ettore en Venezuela. Fue un periplo muy desagradable para ellos tres (yendo a oficinas del SAIME, del INTTT, etc.), sin embargo encontraron algunas cosas interesantes que, lejos de esclarecer todo, añaden más misterio a su vida. Espero traducir y contar esa experiencia pronto en esta misma revista. Saludos.

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