DE LA SELVA A LA GUERRA: REFLEXIONES SOBRE EL CONFLICTO ARMADO Y LA LEISHMANIASIS EN COLOMBIA

Alejandra Viviescas

Ilustración de Ada Peña.

La primera vez que oí hablar sobre leishmaniasis fue en el contexto del conflicto armado que ha hecho parte de la historia de mi país, Colombia, durante las últimas cinco décadas. En esa época acababan de liberar a un grupo de secuestrados y se hablaba de que durante el cautiverio éstos habrían sufrido de leishmaniasis, algunos incluso más de una vez. De esa forma me enteré de que esa enfermedad existía, que estaba íntimamente relacionada al conflicto armado y que era más fácil contagiarse de ella si se estaba en zonas selváticas. Sin embargo, por mucho tiempo no supe más de ella.

La leishmaniasis encuadra un grupo de enfermedades causadas por protozoarios del género Leishmania que son transmitidos por la picadura de insectos flebótomos, mejor conocidos con el nombre de “pringador”, que actúan como vector. La leishmaniasis presenta tres formas principales. La forma cutánea es la menos severa y la más común; causa úlceras en la piel que pueden sanar espontáneamente o complicarse dependiendo de las características del paciente. La forma mucocutánea afecta cartílagos de la cara, como la nariz o las orejas, por lo que es considerada mutilante. Y, finalmente, la forma visceral causa inflamación de órganos internos como el hígado y si no es tratada produce la muerte del paciente. Las leishmaniasis son zoonosis, lo que quiere decir que además de los humanos afectan a otros mamíferos, como perros y roedores, que actúan como reservorios del parásito.

Ciclo de vida de los parásitos del género Leishmania mostrando cómo se desarrollan tanto en el mosquito vector como en el hospedero mamífero. Figura de Mariana Ruiz Villarreal para Wikipedia.

 

Colombia es el país con mayor número de especies circulantes de Leishmania (9 en total) y uno de los países con mayor número de casos de leishmaniasis cutánea a nivel mundial. Hoy en día, los parásitos que causan esta enfermedad así como sus vectores están presentes en 90% del territorio del país lo que muestra que una gran cantidad de la población está en riesgo de ser infectada. Adicionalmente, factores asociados al conflicto armado contribuyeron al aumento en el número de casos y la dispersión tanto de parásitos como de vectores en el país. La mayor parte de los enfrentamientos entre las guerrillas y las fuerzas armadas se dieron en ecosistemas selváticos, donde las guerrillas tenían sus campamentos. Esta dinámica los expuso a cepas de Leishmania presentes en la selva que tradicionalmente no infectaban seres humanos. Por otro lado, el conflicto armado causó bastantes desplazamientos forzosos, haciendo que grandes números de personas migraran a zonas del país menos afectadas por el conflicto. Durante estas migraciones, los vectores y parásitos de la leishmaniasis migraron también y se establecieron en nuevas zonas del país.

Mapa que muestra el número de especies de Leishmania presentes en cada departamento de Colombia, según los datos reportados en la revista Nature.

 

Recientemente, el gobierno de Colombia comenzó un proceso de paz con las FARC, la guerrilla más grande y antigua de Colombia, que culminó en 2016 con la firma de un acuerdo y el compromiso de desmovilización por parte de los guerrilleros. La firma de este acuerdo trajo bastantes consecuencias positivas para la sociedad colombiana, entre ellas una reducción en la incidencia de casos de leishmaniasis asociados al conflicto, como comenta Juan David Ramírez, director del Grupo de Investigaciones Microbiológicas-UR (GIMUR) de la Facultad de Ciencias Naturales y Matemáticas de la Universidad del Rosario:

Con la firma del proceso de paz, hay una reducción significativa, casi de un 60% de casos de leishmaniasis en la población militar. Adicionalmente, en la población que no pertenece a las fuerzas armadas se ha visto que al disminuir las migraciones y el desplazamiento forzado de las personas observamos que éstas ya no tienen que desplazarse a zonas endémicas para leishmaniasis, lo que reduce el riesgo de contagio.

Sin embargo, el proceso de reinserción a la vida civil también conlleva sus propios riesgos, ya que exguerrilleros infectados podrían causar nuevos brotes en la población civil.

Sabemos que una de las principales enfermedades en la población militar es la leishmaniasis, claramente los guerrilleros van a tener leishmaniasis y otros tipos de patologías, pero en todas las medidas que ha implementado el gobierno con respecto a la integración de los guerrilleros, en ningún momento se ha tenido como plan de contingencia las enfermedades tropicales.

Aporta Ramírez al referirse a un estudio publicado por su grupo en el que se resalta la importancia de evaluar  el estado de los exguerrilleros para diferentes enfermedades tropicales y adoptar las medidas preventivas necesarias para evitar nuevos contagios por parte de la población exguerrillera durante el proceso de reinserción. La negativa del gobierno a escuchar este tipo de recomendaciones muestra la poca importancia que se le da a la leishmaniasis y otras enfermedades tropicales en la agenda gubernamental, actitud que no solamente aplica a los casos vinculados al conflicto armado.

En Colombia, la forma estándar de diagnóstico para la leishmaniasis cutánea es mediante una biopsia de la llaga, seguida por inspección del raspado en el microscopio. Esto permite reconocer los parásitos a nivel de género, pero no de especie. Después de diagnosticado, el paciente es tratado con ampolletas de Glucatine, una droga compuesta por antimoniales pentavalentes que es tóxica para órganos internos como los riñones, el hígado y el corazón. Estos protocolos son obsoletos porque está probado que no todas las especies de Leishmania responden igual a los diferentes tratamientos. El hecho de que solo haya un tratamiento para todos los casos de leishmaniasis es especialmente preocupante si se tiene en cuenta que Colombia es el país con mayor número de especies circulantes de Leishmania.

 

Foto de un promastigota de Leishmania tomada por microscopía de fluorescencia, La membrana está resaltada en verde y el núcelo en azul.

Juan David Ramírez ha trabajado en distintas colaboraciones con el fin de implementar protocolos de identificación de especies de Leishmania en Colombia, y habla de los beneficios que esto traería: “Uno podría generar una guía de tratamiento basada en la identificación de especie y con estos protocolos disponibles, los médicos podrían guiar el tratamiento de una forma más específica, lo que claramente mejoraría la condición de los pacientes con leishmaniasis”. Con el fin de mejorar el diagnóstico de la leishmaniasis en Colombia el Grupo de Investigaciones Microbiológicas-UR (GIMUR) ha trabajado dando equipos de biología molecular y protocolos que permiten la identificación de especies de Leishmania en media hora a diferentes secretarías departamental de salud. Desafortunadamente, hay obstáculos por parte de las personas que trabajan en estos lugares ya que no quieren aprender nuevas técnicas. Sin embargo, es aparente que esta transición es necesaria y que si llegara a ser una realidad traería grandes beneficios.

Más de 10 años han pasado desde la primera vez que escuché la palabra leishmaniasis en el noticiero. Ahora, como profesional que trabaja en el área, sé que es una enfermedad de gran importancia en Colombia, que está íntimamente asociada al conflicto armado, pero éste no es el único fenómeno que afecta su gran incidencia en el país. También sé que en Colombia hay varios investigadores que trabajan para cambiar el panorama actual, pero encuentran obstáculos ya que esta enfermedad no es una prioridad para el ministerio de Salud. Por eso es importante generar más información, para ver si así la leishmaniasis deja de ser invisible en Colombia.

 

 

 

Para saber más

  1. Patino, L.H., Mendez, C., Rodriguez, O., Romero, Y., Velandia, D., Alvarado, M., et al. (2017) Spatial distribution, Leishmania species and clinical traits of Cutaneous Leishmaniasis cases in the Colombian army. PLoS Negl Trop Dis, 11(8): e0005876.
  2. Alvar, J., Yactayo, S., and Bern, C. (2006). Leishmaniasis and poverty. TRENDS in Parasitology, 22(12):552-557.

 

Alejandra Viviescas es bióloga y magíster de la Universidad Nacional de Colombia. Actualmente está terminando su doctorado en la Universidad del Estado Paulista (UNESP) en Brasil. Ha escrito textos para diferentes proyectos de divulgación científica y quiere dedicarse a la divulgación después de su doctorado. En sus ratos libres le gusta practicar yoga y leer. Twitter: @maalvima14

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