LA FÍSICA EN EL SIGLO XVIII ESPAÑOL. LAS TERTULIAS VALENCIANAS Y LOS NOVATORES FÍSICO-MATEMÁTICOS

LOS NOVATORES COMO PRECURSORES DE LA FILOSOFÍA NATURAL ESPAÑOLA DIECIOCHESCA

 

José Álvarez-Cornett

El ensayo Los novatores como precursores de la filosofía natural española dieciochesca, que forma parte de los antecedentes de La Física en España en el siglo XVIII, está dividido en cuatro partes: (1) Hacia el tiempo de los novatores; (2) Los novatores humanistas y médicos; (3) Las tertulias valencianas y los novatores físico-matemáticos y (4) Los precursores de los novatores. Cada semana publicaremos una parte, esta semana publicamos la tercera parte: Las tertulias valencianas y los novatores físico-matemáticos.

Ilustración de Ada Peña.

Sin las matemáticas no se puede dar paso en la Filosofía natural con acierto: porque sin la Estática, ¿cómo se han de explicar los movimientos de los cuerpos graves, su aceleración y proporciones? ¿cómo la restitución de los compresos y tensos, en que está sin duda la mayor parte de los efectos de la naturaleza? Sin la Óptica, Dióptrica y Catóptrica, ¿qué se discurrirá en materia de los colores y de la luz sino tinieblas? (…)

Compendio Mathematico (Valencia, 1707 -1715), obra en nueve volúmenes del novator valenciano Tomás Vicente Tosca y Mascó (1651–1723)

 

Tercera parte: Las tertulias valencianas y los novatores físico-matemáticos   

La ciudad de Valencia del siglo XVII, con cerca de 45.000 habitantes y 450 manzanas de casas, fue uno de los principales centros del movimiento novator en especial en las ciencias físico-matemáticas. Una maqueta de la ciudad nos permite situarnos en la Valencia del siglo XVII en donde se desplazan los novatores valencianos.

Vista parcial de la maqueta de 24 metros cuadrados a escala 1:500 que reproduce el plano de la ciudad de Valencia cuyo mapa fue elaborado en 1704 por el novator Tomás Vicente Tosca y Mascó (1651–1723). La obra es una pieza artesanal, construida por el estudio de Vicente Herráiz y Lucas Gómez y se exhibe en el Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad. Nótese el río Guadalviar y los numerosos campanarios. Para una perspectiva panorámica de la maqueta ver aquí. Fuente.

En esta ciudad existieron varias tertulias patrocinadas por importantes mecenas valencianos. Las tertulias o academias eran de dos tipos: ordinarias y de ocasión. Las ordinarias se realizaban regularmente, registraban sus encuentros en un libro de actas y tenían un presidente y secretario. Podían versar solo sobre poesía/letras o ciencia o ser híbridas. Las tertulias de ocasión mayormente eran poéticas y teatrales y se realizaban para celebrar alguna acción grande (hazañas militares, nacimientos reales, canonización de santos etc.), se hacían en un solo día y, a diferencia de los certámenes literarios, no otorgaban premios aunque sí vejamen; estaban compuestas por un presidente y un fiscal el cual era el responsable de emitir un juicio público sobre la calidad de las poesías u obras teatrales.

La primera tertulia en reunirse en la ciudad de Valencia fue la llamada Academia del Alcázar (1781) que era de corte humanista. Entre las tertulias poéticas estuvo la Tertulia en el Palacio Real (1685), en honor a Juana Manuela Mingot y Rocafull, condesa de Peñalba. Entre las tertulias híbridas (humanismo, letras y ciencia) estuvo la llamada Academia de los Desamparados-San José o del Obispo (1685) bajo la presidencia y mecenazgo de Onofre Vicente de Ixar Portugal y Monpalau, conde de Alcudia. Veamos la primera entrada del libro de actas o constituciones, según la reporta Pasqual Mas usó en su tesis doctoral:

El día 25 de marzo de 1685 a las cuatro y media de la tarde, bajo la advocación de Nuestra Señora de los Desamparados y del patriarca san José, comenzó la primera sesión esta nueva academia.

Nombraron Presidente a nuestro Conde <el de la Alcudia> y tomaron a su cargo la explicación de las materias que se avían de tratar. A saber: Joseph Vicente del Olmo la Esfera, D. Joseph Ortí y Moles Perspectiva, D. Vicente Falcó de Belaochaga Arquitectura Militar, D. Joseph Coloma Cánones, D. Pedro Mayor Magia, D. Marco Antonio Ortí y Moles Filosofía Moral, el Dr. Manuel Vidal Jurisprudencia Civil el Doctor Gaudencio Senach, médico, Filosofía Natural, el Doctor Vicente Mir Meteoros, y nuestro Conde de la Alcudia Humanidad, como todo consta en el mismo libro <el de las Constituciones>.

Otra de las tertulias híbridas fue la de la Academia Nuestra Señora de los Desamparados y San Francisco Javier (1690) también llamada tertulia o academia del marqués de Villatorcas porque inicialmente se reunía en la casa de José Castelví Alagón, marqués de Villatorcas, quien la presidía.  Esta tertulia trataba temas de «Política, Mathemática, Poesía, Música y Danza», y hacia 1691 cambió su presidente y las sesiones se llevaron a cabo en la casa del recién nombrado presidente, el nuevo conde de Alcudia, Baltasar de Ixar y Monsoriu. La primera actividad que llevó a cabo esta tertulia bajo la segunda presidencia fue una fiesta poética dedicada a los años de Carlos II. Como se puede ver, esta tertulia se preocupa tanto por el saber científico como por lo lúdico poético y las celebraciones de tipo ocasional o extraordinario.

Víctor Navarro Brotóns nos trae noticias de otra tertulia:

Distinta o acaso continuación también de esta tertulia era la que se reunía, hacia 1699, en la casa y riquísima Biblioteca de Joan Basili Castellví, conde de Cervellón y también marqués de Villatorcas, hijo del anterior. La frecuentaron filólogos e historiadores como Martí y Miñana, juristas como Pere Borrull, bibliógrafos como José Rodríguez y científicos como Corachán, Baltasar Íñigo y Tomás Vicente Tosca, que fueron los matemáticos valencianos más destacados de este período.

Desde Valencia los físico-matemáticos novatores arriba mencionados (Juan Bautista Corachán, Tomás Vicente Tosca y Mascó y Baltasar de Íñigo) introdujeron en todo el ámbito hispánico las nuevas corrientes filosóficas y científicas. Hacia 1687 –nótese que es el mismo año en el que Juan  de Cabriadas publica su Carta filosófica-médico-chymica –, en casa de Baltasar de Íñigo, esos tres novatores crearon una tertulia científica con el nombre de Academia de Matemáticas con la intención de que sirviera como base para crear luego una sociedad científica como la Royal Society de Londres o la Academia de Ciencias de París. Juan Bautista Corachán, en carta al padre jesuita francés Jean François Petrei (1641-1695), lo relata así:

(…) acudo a una Academia, que se formó estos meses passados casi de todo género de ciencias; esta agora concurren Theólogos, Médicos y Mathemáticos. Pónese una cuestión de una Academia para otra, y cada uno la resuelve conforme a sus principios y experiencias; y a mí me ha cabido el proponer las qüestiones y después escribir lo que se ha discurrido en ella; pensamos formar en ella un remedo de las Academias de las Naciones.

Estos novatores, dos de ellos relacionados con la Universidad de Valencia, en su empeño por difundir la ciencia sin desvincularse totalmente de la universidad, actuaron fuera de ella en las tertulias o academias extrauniversitarias.

En la tertulia Academia de Matemáticas realizada en la casa de Baltasar de Íñigo se trataron temas de astronomía, físico-matemáticas, construcción y uso de instrumentos (microscopios y telescopios) y se hicieron experimentos balísticos. Un libro de actas manuscrito de 42 páginas de esta academia, de la pluma de Corachán, ha llegado hasta nosotros entre los papeles dejados por él. En dicho manuscrito, escritos en latín, las sesiones de la academia son denominadas congressus.

 

  • Congressus 1. De ipsa Mathesi.
  • Congressus 2. De Geometría, Arithmetica, Algebra, Trigonometria, Logarithmica Conica et Musica.
  • Congressus 3. De motu Locali, Mechanica, Statica, Hydrostatica et Hydraulica.
  • Congressus 4. De utraque Architectura Civili, ac Militari, et de Pyrostatica.

 

Aquí podemos ver que los temas tratados en los «congressus» versaban sobre geometría, aritmética, álgebra, trigonometría, logaritmos, cónicas, música, mecánica, estática, hidráulica, arquitectura civil y militar y pirostática. Podemos notar que entre estos novatores existía un claro interés por el estudio de temas técnicos o aplicados.

Retrato de Juan Bautista Corachán de artista desconocido conservado en la Universidad de Valencia.

Juan Bautista Corachán 

El físico, matemático y astrónomo valenciano Juan Bautista Corachán (Coratjá, en catalán) fue profesor de matemáticas en la Universidad de Valencia entre 1696 y 1720.  No obstante, antes de tener la cátedra de matemáticas trabajó gratis en la universidad: «Antes de obtener la referida cátedra» – refiere el propio Corachán en Memorial a la ciudad de Valencia, según lo cita Navarro Brotóns – «leyó cuatro años en la Universidad por su propio motivo, con sola la licencia del Rector, sin útil alguno».

Corachán fue quien tradujo por primera vez al castellano las primeras páginas del Discurso de Descartes y defendió el método experimental contra la autoridad de los libros como base para el progreso de la ciencia. Desde muy joven tuvo inclinación por las ciencias, lo que demostró a los 18 años cuando escribió la obra titulada Ameno y deleytable jardin de mathemáticas, un trabajo de carácter didáctico sobre las matemáticas. Indica Navarro Brotóns que Félix Falcó de Belaochaga (ver más abajo) fue su principal mentor en matemáticas «al que Corachán llama en sus escritos Magister meus y prosigue:

Con su ayuda y con los instrumentos que poseía Falcó, Corachán se introdujo en las técnicas de observación astronómica y realizó numerosas observaciones de cometas, eclipses y planetas. En la década 1680-1690 comenzó a frecuentar las tertulias y academias anteriormente descritas, donde encontró el ambiente adecuado para desarrollar sus inquietudes científicas.

Como profesor universitario, Corachán trató de introducir reformas en las enseñanzas de las ciencias –esfuerzos de reforma que no tuvieron ningún éxito–, preparó una versión más moderna de los Elementos de Euclides y, en vista de las dificultades encontradas, para dar a conocer los progresos en astronomía, geografía, mecánica y óptica, preparó una serie de lecciones que dictó fuera del programa regular de estudios;  también prestó sus servicios a la ciudad en asuntos técnicos.

Un ejemplo de esos servicios es su participación como consultor de la Fábrica de Murs i Valls, una entidad valenciana encargada del drenaje urbano, de la defensa contra las inundaciones y del encauzamiento del río Guadalaviar. En sus escritos se queja del estado de la ciencia y de su bajo sueldo, tal y como lo refiere en «Breve insinuación de la grande importancia, y necesidad de las mathemáticas para lo literarios y político» en donde dice que:

No con poco dolor tomo la pluma para escribir deste asunto, lo uno porque hemos llegado a un tan infeliz estado, que es menester probar lo que es tan manifiesto, de lo qual dieron buen testimonio los antiguos, y ahora lo dan los modernos; lo otro porque me han mandado que sea breve y este argumento pedía muchos pliegos…

El programa de reforma lo presenta en Apuntamientos para las Constituciones que se han de hacer en la insigne Universidad de Valencia en lo tocante a las Matemáticas. Entre sus ideas está que las matemáticas se enseñen no en latín sino en lengua romance. En este programa, según lo señala Navarro Brotóns, Corachán solicita:

(…) la incorporación a la cátedra de matemáticas de la física moderna: mecánica (estudio de las máquinas simples), estática: «propiedades y leyes del movimiento local; el de los graves…, perpendículos, proyectos, y otros», hidrostática e hidráulica, óptica, «catóptrica y dióptrica tratando de la luz y colores, del diáfano y opaco; de la refracción en diversas figuras de vidrios y lentes; con la explicación, y fábrica de los anteojos ordinarios, de larga vista, y microscopios» (…) [Y, para ] la cátedra de astronomía, [pide] la incorporación de los nuevos conocimientos astronómicos, con las reservas habituales en relación a la teoría heliocéntrica: «El catedrático de Ptolomeo… explicará todos los sistemas del mundo eligiendo el que le pareciere más conveniente, menos el ptolemaico por anticuado, y el copernicano, y semicopernicanos por prohibidos» y de la trigonometría y el cálculo logarítmico, «que aunque propiamente pertenencen a la Cátedra de Euclides, pero en esta tienen su principal uso…».

Los trabajos científicos publicados por Corachán en vida fueron pocos. Tan sólo publicó dos trabajos: un folleto de 7 páginas sobre el cometa aparecido en 1682 (el cometa que luego sería conocido como el cometa Halley) titulado Discurso sobre el cometa que apareció este año 1682, donde según lo afirma Navarro Brotóns, «defiende la naturaleza celeste de los cometas, comenta las diversas teorías sobre su formación y naturaleza, y describe sus observaciones afirmando que la trayectoria del astro era rectilínea» y el texto de 1699 Arithmética demonstrada theórico-práctica para lo mathemático y lo mercantil.

Corachán se sentía heredero de los matemáticos españoles José de Zaragoza y Juan Caramuel y Lobkowitz a quienes cita reconociendo sus aportes a las matemáticas (para detalles sobre Zaragoza y Caramuel ver la cuarta parte de este trabajo). El gran ausente de la obra de Corachán es Isaac Newton.

En 1720, enfermo y cansado, Corachán se jubiló con lo que él consideraba era un bajo sueldo: «con la cortedad de salario de 35 Ls. [Libras] y nada más». Años después su nombre resurge en 1740 cuando participó en el proyecto de Antonio Bordázar (ver más abajo) de establecer una «Academia Mathemática Valenciana». Finalmente, Corachán falleció en Valencia el 3 de febrero de 1741.

La conocidísima máxima «escribe que algo queda» aplica a la obra de Corachán. En 1767, cerca de sesenta años después de que Corachán escribió su Apuntamientos para las Constituciones…, su programa de reformas fue copiado e incorporado por el erudito y polígrafo español Gregorio Mayans y Siscar (1699 –  1781) en su obra Idea del nuevo método que se puede practicar en la enseñanza de las universidades de España.

Portadas de las obras Avisos del Parnaso y Arithmética demonstrada theórico-práctica para lo mathemático y lo mercantil.

Ya antes, en 1747, Mayans había editado Rudimentos filosóficos, o idea de una filosofía mui fácil de aprender, comenzada por el Dotor Juan Bautista Corachán y la obra literaria de Corachán compuesta en el año 1690 llamada  Avisos del Parnaso, en donde personalidades de la ciencia y filosofía dialogan entre sí. En Cartesianismo en España, Ramón Ceñal refiere que Avisos del Parnaso son…

[…]fantasías literarias, en prosa, en las que el autor finge asistir a asambleas celebradas en el monte Parnaso, en el palacio del dios Apolo, con intervención de los hombres de mayor renombre entre los eruditos de entonces. En el barrio de los físicos el autor encuentra reunidos en interesante disputa a Descartes, al P. Casimiro de Tolosa, a Demócrito y a Empédocles (…) [posteriormente, luego de mencionar la corpuscularidad de la luz] intervienen después el jesuíta P. Honorato Fabri, Roberto Boyle, [el matemático jesuita Christopher Clavius] Clavio, [el polímata jesuita Athanasius] Kircher, es decir, las figuras más conspicuas de la física y matemática del siglo. Más adelante Corachán nos dice: «Entre los muchos y grandes filósofos, que concurren en Parnaso, es uno Renato Des-Cartes, de quien Apolo hace mucha estimación, assí por su grande juicio, i profundo modo de discurrir en lo natural y moral, como por las muchas verdades, que sacó a luz (…)» Y a continuación cediendo la palabra a Descartes, éste comienza a exponer su método.

Es aquí en donde Corachán presenta su traducción de las primeras páginas de la obra Discurso del Método de Descartes. En 1757, Mayans también editó Mathesis Sacra, una obra de Corachán que contiene algunas explicaciones astronómicas referidas a varios textos en la Biblia.

Portadas de las obras Compendio Mathematica (Volumen I) y Compendium Philosophicum (Volumen VI) de Tomás Vicente Tosca.

Tomás Vicente Tosca y Mascó

El  arquitecto, filósofo y matemático Tomás Vicente Tosca y Mascó , quien nació en Valencia el  21 de diciembre de 1651, se graduó en la Universidad de Valencia (maestro en artes y doctor en  teología); sin embargo, su formación en física y matemáticas fue autodidacta ya que en ese entonces la Universidad de Valencia como muchas otras universidades españolas se mantenía de espaldas a los modernos desarrollos en la filosofía natural. Con todo, según Gregorio Mayans, Tosca también recibió la influencia de Félix Falcó de Belaochaga quien «con los libros que le ofreció y los instrumentos matemáticos, movió el ánimo de Tosca hacia el cultivo de estas ciencias». Tosca era hijo del profesor en medicina de la Universidad de Valencia Calixto Tosca de los Ares y de Francisca Mascó y, después de que fuera ordenado sacerdote en 1675, en 1678, ingresó en la Congregación del Oratorio San Felipe Neri.

Primeras páginas del Compendio Mathematica de Tosca donde el autor expresa el objetivo y valor práctico de las matemáticas.

Como ya vimos, Tomás Vicente Tosca fue uno de los participantes en las tertulias valencianas y en la Academia de Matemáticas en 1686 junto con Corachán e Íñigo, en «donde encontró el ambiente adecuado para desarrollar sus inquietudes científicas». Según el trabajo, La personalidad científica de Tomás Vicente Tosca, de Víctor Navarro Brotóns:

Corachán realizaba observaciones de planetas, eclipses y otros fenómenos astronómicos muchas veces desde casa de Falcó de Belaochaga, conjuntamente con éste y valiéndose de los instrumentos que Falcó poseía. Tosca las realizaba desde el edificio de la Congregación de San Felipe Neri, ayudado por José Fernández de Marmanillo, secretario de la Inquisición y compañero de Tosca en el Oratorio.

Tosca no fue profesor universitario; sin embargo, en una época turbulenta para la ciudad de Valencia y su universidad, entre 1717 y 1720, ejerció el cargo de vicerrector de la Universidad de Valencia, actuando desde ese cargo como rector interino ya que el cargo de rector estuvo vacante. Este novator valenciano también dio clases privadas a candidatos que querían optar a cargos académicos como «Vicente Cortés y a Damián Palou, que concursaron a las oposiciones que ganó Corachán» y en su congregación estableció una «escuela de matemáticas» (1687 – 1705) para los nobles de la ciudad.

La mayoría de los manuscritos de Vicente Tosca o andan extraviados o se perdieron para siempre. Entre los que han llegado hasta nosotros se encuentra uno titulado Compendio Mathematico, escrito entre 1707 y 1715, con veintiocho tratados distribuidos en nueve volúmenes, en donde deja ver su interés por la aplicación de las matemáticas y la doble funcionalidad que esta disciplina tiene:

Con ella (con la matemática) se descubren los más retirados secretos de la naturaleza. Ella es la que averigua las fuerzas del ímpetu, las condiciones del movimiento, las causas, efectos y diferencias de los sones; la naturaleza admirable de la luz, las leyes de su propagación; levanta con hermosura los edificios; hace casi inexpugnables las ciudades; ordena con admiración los exércitos y entre las confusas e inconstantes olas del mar, abre caminos y sendas a los que navegan. Se remonta últimamente la Matemática hasta el cielo para averiguar la grandeza de los astros y el concierto y armonía de sus movimientos y, con varias invenciones de Telescopios, ha hecho corriente el comercio de la tierra con el cielo, tan deseado por los siglos antiguos.

En el primer volumen «Introducción breve a las disciplinas matemáticas», Tosca presenta la siguiente división:

  • Matemáticas puras: geometría, aritmética, álgebra, trigonometría y logarítmica;
  • Físico-matemáticas: música, mecánica, estática, hidrostática, arquitectura civil, arquitectura militar, artillería, óptica, geografía, astronomía y cronografía.

En la importancia que da Tosca a las matemáticas para la ciencia – recordar cita al inicio de este trabajo  donde presenta a «las matemáticas como lenguaje y la observación y la experimentación como criterio metodológico»–, podemos discernir las ideas de Galileo Galilei. En relación con la astronomía, según refiere Navarro Brotóns,

[…]la parte del Compendio de Tosca dedicada a esta materia supera con mucho a todos los textos anteriores editados en España, incluidos los escritos de Zaragoza, constituyendo un buen manual del saber astronómico del siglo XVII anterior a Newton. A través de él los lectores españoles podían enfrentarse con los principales problemas de la astronomía de observación.

Por supuesto, al hablar de astronomía y del movimiento de los planetas, Tosca debía ser cauteloso. Aunque utiliza el sistema copernicano para explicar el movimiento de los planetas lo hace solo como hipótesis y no tesis y debe hacer «curiosos giros expositivos que revelan la difícil posición de aquellos hombres, obligados a someterse, e incluso a interiorizar las constricciones que imponían los dogmas eclesiásticos».

Esta obra, si juzgamos por sus ediciones, tuvo una buena acogida ya que en el siglo XVIII se reeditó tres veces (Madrid, 1727; Valencia, 1757; Valencia, 1760). También ha llegado hasta nosotros su Compendium Philosophicum (7 volúmenes), obra de 1721, el cual fue reeditado en 1754 por Gregorio Mayans. Para Navarro Brotóns:

En el empobrecido panorama de la literatura científica peninsular donde, a lo largo del siglo XVII la cinemática de Galileo, la óptica de Kepler, Descartes y Grimaldi, el atomismo de Gassendi y la filosofía corpuscular y, en general, el nuevo horizonte metodológico y cognoscitivo abierto por la revolución científica y filosófica de la centuria apenas había encontrado algún tímido eco, la publicación del Compendio Mathematico de Tosca fue, sin duda, un acontecimiento importante.

Plano de la ciudad de Valencia elaborado en 1704 por Tomás Vicente Tosca.

Vicente Tosca también sirvió a la municipalidad de la ciudad de Valencia como perito técnico en temas de arquitectura. En relación a las condiciones del puerto de Grao (hoy, Puerto de Valencia), «elaboró un plan para hacer un puerto en Cullera y un canal navegable a la Albufera y al río Júcar» y levantó un plano de la ciudad de Valencia el cual le sirvió en el 2003 al estudio de Vicente Herráiz y Lucas Gómez para crear una maqueta de 24 metros cuadrados de la ciudad de Valencia del Seiscientos la cual se exhibe en el Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad.

Baltasar de Íñigo

Este novator tuvo una clara influencia sobre Corachán y Tosca, y fue un activo partícipe de la Academia de Matemáticas; sin embargo, sabemos poco sobre su vida y actividades científicas. Hasta nosotros tan solo ha llegado un manuscrito de 67 páginas con tablas y gráficos y varias referencias sobre él mencionadas por miembros del círculo de las tertulias valencianas.

Baltasar de Íñigo nació en Valencia, era sacerdote y doctor en teología y lo podemos considerar como una persona afluente ya que era propietario de tres casas y una parcela de tierra de aproximadamente 7480 metros cuadrados. A Íñigo le gustaba hacer experimentos y su buena posición económica le permitía adquirir los costosos instrumentos científicos necesarios. En uno de sus trabajos, el erudito y polígrafo español Gregorio Mayans y Siscar refirió que Baltasar de Íñigo pasó doce años leyendo todas las obras del astrónomo y matemático francés Pierre Gassendi.

Según relata Víctor Navarro Brotóns, este manuscrito contiene:

una relación de erratas y anotaciones relativas a la segunda edición del Cursus seu mundus mathematicus (1690) del padre jesuita francés Claude François Milliet Dechales; una tabla de ángulos de refracción confeccionada según distintos autores[…]una tabla de alcances en el tiro de proyectiles en función del ángulo de tiro, otra de declinaciones del Sol tomada del libro de Milliet Dechales y otra tabla de alturas solares para la latitud de Valencia.

y también contiene una reseña de un libro sobre microscopía del destacado microscopista francés Louis Joblot.

Por otra parte, prosigue Navarro Brotóns:

…también se conserva el segundo volumen del ejemplar del Cursus de Dechales que fue propiedad de Íñigo. En él pueden verse en el margen del texto todas las correcciones que Íñigo hizo, escritas y dibujadas con gran claridad y cuidado. El interés de Íñigo por el Cursus de Dechales y el enorme trabajo de enmendar la gran cantidad de erratas tipográficas y otros errores del propio autor, debe ponerse en relación con la gran influencia que la obra del jesuita francés tuvo entre los científicos valencianos.

Portada de la carta que propone la creación de la Academia de Matemáticas en Valencia y la lista de firmantes encabezada por Juan Bautista Corachán.

Allegados a los novatores y la propuesta para una Academia de Matemáticas en Valencia

Entre otras personas importantes relacionadas con el círculo de los novatores valencianos se encuentran: Antonio Bordázar Artazú, José Vicente del Olmo y Félix Falcó de Belaochaga y Castro.

Antonio Bordázar Artazú

En el impresor y polígrafo Antonio Bordázar Artazú, hombre de formación autodidacta, quien mostró un gran interés por la geografía y las matemáticas, tenemos a un gran dinamizador de la vida cultural valenciana. A él lo podemos considerar como un discípulo de Corachán, Tosca e Íñigo. Su obra literaria también quedó manuscrita, en especial su Dictionario facultativo y Recreaciones mathematicas.

Este novator valenciano ocasionalmente asistía a las reuniones de las tertulias realizadas en casa del marqués de Villatorcas y de la Academia de Matemáticas de Íñigo, Corachán y Tosca. En 1740, Antonio Bordázar Artazú propuso y, luego, impulsó un proyecto de creación de la Academia de Matemáticas en Valencia y, posteriormente, también se encargó de actualizar y publicar el mapa de la ciudad de Valencia dejado por Tomás Vicente Tosca.

Para 1730, la Academia de Matemáticas de Íñigo, Corachán y Tosca era cosa del pasado. Corachán se había jubilado en 1720 y Tosca había fallecido en 1723. Para continuar la labor de estos tres novatores valencianos y difundir el interés por el estudio de la ciencia moderna, por más de diez años, Bordázar trató de que se fundara una Academia Mathemática en Valencia. Una muestra de su empeño es una carta que apareció en 1740,  «Idea de una Academia Mathemática dirigida al Serenissimo Señor Don Felipe Infante de España».

La petición estaba dirigida a Don Felipe Infante de España, es decir, a Felipe I de Parma (Madrid, 1720 – Alessandria, 1765), Duque de Parma (después de 1748), cuarto hijo del rey Felipe V, con su segunda esposa, Isabel Farnesio. La razón por la que se la dedican a él es porque Don Felipe Infante de España era el Almirante general de España e Indias, cargo que ejerció desde el 14 de marzo de 1737 hasta el 30 de octubre de 1748.

El documento es de unas treinta páginas y contiene una dedicatoria a Don Felipe Infante (ver extracto más abajo) en donde se exalta la utilidad práctica de las matemáticas a la náutica y otras ciencias como razón vital para que la iniciativa de la academia fuese financiada por la Corona española, una estrategia que no es muy diferente de la utilizada por los científicos del siglo XXI a la hora de pedir financiamiento gubernamental para proyectos científicos:

Dignese pues V. A. [Vuestra Alteza] de aplicar su poderosa beneficiencia, para que se planten, crezcan, y reproduzcan en este Paìs (hasta en las Ciencias fertil [es decir, la agricultura]) ingenios prácticos, que puedan ser del servicio del Rei N. S.  [Nuestro Señor] pues sabe bien V. A. que la Nautica pide Geómetras, Astronomos, Geógrafos, Arquitectos, Maquinarios, Ópticos , o por mejor decir toda la aplicación a las Mathematicas, i que en suma SERENISSIMO SEÑOR, para el progreso universal de las Artes, i Ciencias en todas las Republicas, es la Mathematica el medio unico, e imediato: porque las Artes no son tales sin numero, peso , i medida; i de las Ciencias la mayor parte se ilustra con la Astronomia, Chronologia, Geografia i otras ; especialmente las Naturales no pueden dar passo sin la Cosmografa, Estática y Geometria, i demàs subalternas, que es decir sin el farol de la Mathematica Theorica, i sin la guia experimental de la Practica.

La petición fue firmada por Corachán, Bordázar, Andrés Piquer y otros. Corachán falleció en 1741, Bordázar en 1744, y la idea de la academia no llegó a materializarse.

José Vicente del Olmo

El geógrafo, poeta y secretario del Tribunal de la Inquisición José Vicente del Olmo, dueño de la mejor biblioteca privada de la ciudad de Valencia y autor de un tratado de geografía humanista del siglo XVII titulado Nueva Descripción del Orbe de la Tierra (1681), fue el primer discípulo del matemático jesuita José de Zaragoza, de quien aprendió geometría, aritmética, álgebra, esfera, trigonometría y arquitectura militar. Recordemos que durante este tiempo la geografía era parte de las llamadas «matemáticas mixtas» y, por tanto, era una rama de las ciencias físico-matemáticas.

Félix Falcó de Belaochaga y Castro

La trayectoria pública de Félix Falcó de Belaochaga y Castro, amante de las matemáticas, está asociada al gobierno municipal de la ciudad de Valencia de donde fue entre 1708 y 1715 su regidor perpetuo. Falcó también fue estudiante de José de Zaragoza. Más adelante, en la cuarta y última parte de este ensayo, nos referiremos a Zaragoza, ya que los orígenes de la renovación en física y matemáticas en Valencia se deben a su paso por esta ciudad entre 1660 y 1670. Félix Falcó de Belaochaga fue mentor y sirvió de enlace entre Tomás Vicente Tosca y Mascó y Juan Bautista Corachán.

Todos estos novatores físico-matemáticos a los cuales hemos hecho referencia aquí tuvieron sus precursores en varios cultivadores de los saberes que actuaron durante las décadas medias del siglo XVII y este será el tema que trataremos en la cuarta parte de este ensayo.

Para saber más

  1. Navarro Brotóns, V. (2007). El movimiento novator en la España de finales del siglo XVII y las disciplinas físico-matemáticas. La Ciencia Europea desde 1650 hasta 1800. Actas Año XIII y XIV. Encuentros educativos, Fundación Canaria Orotava de Historia.
  2. Mas i Usó, P. (1991). Justas, Academias y Convocatorias literarias en la Valencia Barroca (1591-1705). Teoría y práctica de una convención.Tesis doctoral. Universidad de Valencia, España.
  3. Navarro Brotóns, V. (2014). Disciplinas, saberes y prácticas. Filosofía natural, matemáticas y astronomía en la sociedad española de la época moderna. Valencia: Universitat de València.

Para ampliar detalles sobre los científicos jesuitas en España durante el siglo XVII, véase:

  1. Navarro Brotóns, V. (1996). Los Jesuitas y la renovación científica en la España del siglo XVII. Studia historica: Historia moderna 14, 15-44. ISSN 0213-2079.
  2. Navarro Brotóns, V. (1987). La personalidad científica de Tomás Vicente Tosca (1651-1723)Colección Ensayos, Madrid, España: Fundación Juan March.

 

 

 

José Álvarez-Cornett es Licenciado en Física (Universidad Central de Venezuela (UCV), 1981) con posgrados en Geociencias (Universidad de California, Berkeley) y Negocios (MBA, University of Southern California, 2000). Es geofísico petrolero, especializado en planificación estratégica y negocios Asia-Pacífico, estudió mandarín y cultura china en el Beijing Language and Cultural University (1992-1995). Ensayista, especialista en curaduría de contenidos – web information advisory – y estrategias de infoatención, profesor universitario (UCV) de historia de la ciencia y la tecnología, colaborador invitado en el Laboratorio de Historia de la Ciencia y la Tecnología del Centro de Estudios de la Ciencia del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) e investigador principal del Proyecto VES. Además de la historia de la ciencia y la tecnología, está interesado en la cultura y culinaria asiática, el desarrollo sostenible, la prospectiva tecnológica y los futuros personales. Está en Twitter: @Chegoyo

 

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