CRÓNICA DE UN SUPERVIVIENTE DEL CORONAVIRUS

«¡Hasta aquí llegué!» se dijo una noche en que no podía respirar más. Un ítalovenezolano de Milán que superó la neumonía causada por el Coronavirus nos cuenta en detalle cómo lo vivió.

Por Félix Moronta

coronavirus fundacion persea
Ilustración: Ada Peña

La pandemia causada por el coronavirus ha interrumpido nuestras vidas. Durante mis días de cuarentena en Italia he seguido por las noticias la preocupante propagación del virus por América Latina. Al mismo tiempo, he visto (con dolor) cómo la desinformación en redes sociales y grupos de WhatsApp también se ha hecho viral.

Como soy biólogo con PhD en microbiología y entiendo sobre virus, decidí ofrecerme para responder dudas sobre el coronavirus en Twitter (aquí el tuit). Hubo cientos de interacciones y decenas de mensajes privados.

Uno de esos mensajes privados me dejó frío. Un conocido amigo virtual, ítalovenezolano de 54 años, superó la enfermedad COVID-19 en Milán (diagnosticada telefónicamente por los servicios de salud) y me contó con lujo de detalles lo que pasó.

Con su permiso, pero protegiendo su identidad, procedo a compartir su dramático testimonio:

No tengo idea de cómo me pude haber contagiado. Mucho antes de que empezaran a hacerse público los casos de coronavirus en Italia, comencé a tomar previsiones para evitar el contagio, incluso de ser necesario recorría hasta cinco kilómetros a pie con tal de evitar el transporte público, igual evitaba hacer uso del ascensor. No usé mascarilla, pero sí bufanda y guantes. Aun no me explico cómo me contagié.

Inicialmente es asintomático. Comenzó con un ligero carraspeo en la garganta; pensé que era consecuencia de exponerme al clima frío y del viento. No le di mayor importancia (o tal vez estaba evadiendo para no «psicosearme»). Luego de unos días, la tos (siempre seca) se tornó más continua y profunda, llegando incluso a despertarme durante la noche para toser.

Fue solo cuando me vi la lengua que entendí que estaba contagiado por coronavirus: la lengua estaba cubierta en su totalidad por una capa espesa de saburra, de color verde/amarillento. Sentía mucha resequedad en las mucosas superiores (fosas nasales, boca, garganta) por lo que sentía mucha sed. Afortunadamente me hidraté con bastante agua y frutas. Durante ese período tuve inapetencia; aproveché para evitar el consumo de harinas, lácteos y azúcares, sobre todo en alimentos procesados.

Esos tres días estuvieron marcados por la fiebre (entorno a los 40 grados centígrados), eso tumba la falsa idea de que el calor mata al coronavirus. Y la tos era constante, las 24 horas. Luego comencé a expectorar la flema, en mi vida había escupido tal cantidad, obviamente no tengo un marco de referencia, pero bien calculo pudo haber sido de entre 250 ml a medio litro en total. Tomando en cuenta que casi cada cuarto de hora durante 48 horas aproximadamente tenía un nuevo ataque de tos con su consecuente expulsión de flemas.

El aspecto de la flema no es normal, parece ser más grueso, gelatinoso, y con color entre verdoso amarillo y hasta naranja, el olor es también repugnante. Eso sí, la sensación de expulsarlos es agradable por cuánto notas de inmediato la mejoría sobre todo de la capacidad respiratoria.

El episodio más grave padeciendo la infección por coronavirus fue durante una madrugada en la que desperté al sentir síntomas de ahogamiento. Sé que fueron apenas unos segundos, pero los sentí eternos. No podía hablar o gritar por ayuda. Me dije: «¡Hasta aquí llegué!». Afortunadamente recuperé la respiración.

Presumo que a consecuencia de lo anterior se vio también afectada mi psiquis. Comencé por sentir fobia a la soledad, a los espacios cerrados y a la obscuridad. Al ocultarse el sol sentía ansiedad, pues sabía que me esperaba otra larga noche; por lo general, los síntomas se agravan por la noche. Presenté pequeños episodios de diarrea, cuyo color era color naranja.

Pasado los dos o tres días de escupitajos (los más graves) comencé a sentirme mejor, no volví a tener fiebre e igualmente desaparecieron los demás síntomas.

Actualmente duermo bien, las 8 horas continuas, retornó el apetito (aunque debo controlar el consumo mientras estemos en cuarentena para evitar salir por provisiones). Solo tengo eventualmente una tos seca ligera como en el principio de contraer la infección.

La experiencia fue tan horrible que siento pena por aquellos que no sobrevivieron y peor aun, siento pánico (un síntoma que nadie ha mencionado y que en mi caso fue evidente, como trastorno de la psiquis) por lo que pudiera ocurrir en Venezuela.

El coronavirus es un asunto serio; no una simple gripe. Es una emergencia sanitaria mundial a la que debemos hacer frente todos. Mitiguemos la transmisión y cambiemos el curso de la pandemia. Mantengámonos aislados a salvo.

 

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28/03/2020 en 8:05 pm

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