ELOÍSA

Alexandra De Castro

MICRORRELATO DE CIENCIA FICCIÓN

Ilustración de Ada Peña.

Sebastián ha desarrollado últimamente una gran curiosidad por los humanos, interés que se hizo presente desde que Eloísa llegó al órbiter. Ella había roto con todas las creencias de que los humanos son inferiores, violentos y poco inteligentes. Su mente rápida, su finura de argumentos le recordaban a Doula, su compañera virtual. Sebastián observa a Eloísa siempre con atención, la espía, le llama la atención la dedicación a su trabajo de investigación, «los humanos están tan obsesionados con los ancestros, con la prehistoria…».     

El órbiter es pequeño, pero en Titán todos los espacios son reducidos. Hace un poco de calor, los humanos necesitan altas temperaturas, eso agrega un poco a la incomodidad de Sebastián. Hay pocos espacios sin cables y máquinas, no es un ambiente amigable, luce más bien en desorden, no fue diseñado para alojar estudiantes y técnicos.  

El robot de la cocina habla preocupado sobre las noticias de la escasez de comida. Novedad que parece inquietar solo a él. Sebastián no necesita tantas calorías, él desayuna agua con minerales y una mezcla de azúcares. Eloísa necesita muchas calorías para sobrevivir, sin embargo, su optimismo no la abandona, a pesar del decaimiento en infraestructura y calidad de la comida. Ella sabe que Titán es un buen lugar.   

Sebastián es reservado, Eloísa es extrovertida. Se ven en el desayuno todas las mañanas. Eloísa le cuenta afanosamente sobre sus investigaciones. Le muestra un artículo, lo señala en la pantalla de la cocina.  

– Mira estos marcadores, este virus lo trajo el cometa 376Oort, está claro.  

Sebastián al principio se muestra seco e indiferente. Eloísa intenta conquistar su interés.

-¿No te gustaría saber de dónde venimos, cuál es nuestro origen?   

-No es eso, me parece que los científicos complican la respuesta.

-¿Te gustaría dar un paseo por los anillos?  Hoy tengo salida de campo.

-Te agradezco la invitación Eloísa, pero tengo que volver a la fábrica, no tengo tiempo para paseos.

Luego de varios meses y tantos desayunos y conversaciones, Sebastián comienza a mostrar cada vez más interés en los relatos de Eloísa, pero no de la misma naturaleza que imagina Eloísa. Ella cree en su posible empatía y cariño. Él está cada vez más asombrado de la inteligencia de ella. Le pone juegos, la interroga sobre política. No puede aceptarlo, no quiere, no, ellos, los humanos, no pueden ser tan inteligentes. Su interés, convertido en obsesión, obedece más bien a la envidia.

Sebastián decide complacerla y organizar el ansiado paseo por los anillos para observarla en otro contexto, como en un experimento. Alquilan la nave de turismo y salen finalmente.

La pequeña nave alquilada tiene grandes ventanales, el espectáculo del espacio es sobrecogedor, los contrastes y el silencio, afuera y adentro. Eloísa contempla la belleza de Saturno desde una perspectiva nunca antes vista por ella. Siente un poco de mareo, problemas que Sebastián no tiene, su cuerpo domina los cambios de gravedad. Más bien está aburrido, cabecea somnoliento, se da golpes contra la pared, vuelve a cabecear, mientras comienza a planificar deshacerse de Eloísa, así no tendrá que lidiar con tanta amenaza que representan sus dotes intelectuales. Desvía la nave hacia otro órbiter, rompe una ventana e intenta empujar a Eloísa al vacío. Ella forcejea débil y asoma un quejido, es un grito sordo. Sebastián intenta empujar con más fuerza y, de repente, cae de la silla. Eloísa no aguanta la risa.

-¿Cómo puedes dormir con tanta belleza?

Sebastián está desconcertado, aturdido. Luego, la mira, siente vergüenza, sabe en el fondo que, a pesar del fastidio inexplicable que siente por Eloísa, nunca sería capaz de hacer algo así, pero su sueño lo sintió muy vivo.

La atmósfera se carga, ocurre un silencio largo, Eloísa lo rompe.

-Todavía me preocupa un poco lo que haré al término de mi pasantía, ¿sabes?, seguramente tendré que dar clases en algún órbiter escolar, en fin, buscar algún trabajo promedio para humanos. Veo difícil el futuro de mi carrera aquí.

Sebastián se siente delatado, «¿por qué me comenta eso?».  Ella, en cambio, simplemente hizo una confesión a un amigo.

Termina el paseo.

Sebastián decide no volver a desayunar en la cocina del órbiter, después de todo, ni siquiera necesita grandes desayunos y la comida de la fábrica es de mejor calidad.

     

 

De la serie: Panspermia

 

 

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2 Comentarios

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Jaime aguirreresponder
14/03/2019 en 5:46 pm

Buena y historia, ¿que sigue?

Revista Persea
15/03/2019 en 10:33 am
– En respuesta a: Jaime aguirre

Hola Jaime, atento que seguiremos publicando cuentos de esta misma serie. Lee los anteriores para que vayas haciéndote una idea del big picture.

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